entregan premio príncipe de asturias a la unam · ¿son la educación y la cultura solución a nuestros problemas?
Tengo el sueño de que este post lo lean varios, aunque no sean de la UNAM, que lo terminen de leer y no se aburran, y que al menos uno, sólo uno, apoye mi noción, ojalá lleguen hasta la última reflexión… hasta el addendum.
Ayer celebraba el día del médico, y no pude obtener mejor regalo que ver como mi Alma Mater recibía el Premio Príncipe de Asturias, si bien es cierto que he recibido y recibo actualmente educación de otras universidades, la UNAM siempre será quien ocupe mi corazón, como cita la porra, mi corazón azul es y mi piel dorada y siempre la voy a querer. Es difícil, sino es que imposible, que alguien que no haya estudiado o trabajado en ella pueda entender lo que significa ser PUMA, así en mayúsculas, que sienta vibrar su piel al grito de ¡GOYA!, y que comprenda que en esa Universidad no sólo se aprenden las materias que se dan en el aula, que lo que ahí recibes es mucho más que una licenciatura, una maestría o un doctorado, ser egresado de la UNAM es un orgullo porque en ella aprendes de la vida, de la diversidad de opiniones, de credos, de religiones, de ideas políticas, de clases sociales, en ella aprendes que el mundo va más allá de un cliché o una ideología determinada, en ella se olvidan las diferencias, y se incrementan los diálogos, aprendes a defender tus pensamientos pero a respetar los ajenos.
Mi Universidad, mi casa, mi Alma Mater tiene muchos defectos, muchos los encuentran fácilmente, y yo no puedo negarlos, es cierto ahí están, pero también hay muchos aciertos y grandes virtudes, por más que intenten negarlo es y seguirá siendo la Universidad de México, de donde surgen grandes profesionistas, grandes científicos de talla mundial, lo triste es ver como tienen, en muchos de los casos, que salir del país para poder continuar cosechando lo que la UNAM les dio. También es cierto que no sólo de la esta Universidad surgen hombres y mujeres de gran valía en sus áreas científicas, pero todos, tarde o temprano, acaban volteando, por una u otra razón hacia la UNAM, que es y estoy seguro será siempre el punto de referencia.
Lo triste está, en que muchas veces los reconocimientos no vienen de dentro, sino que casi siempre surgen de otros países que logran vislumbrar lo que esta Universidad significa, situación que no sólo sucede con la Máxima Casa de Estudios de nuestro país, sino con muchas otras instituciones y personalidades. Como mexicanos tendemos a la crítica destructiva y no pro-positiva, a las envidias y tratar de poner piedritas en el camino de quien ha decidido caminar y no quedarse esperando a que la montaña llegue a ellos, el ejemplo de la UNAM se aplica también a muchos ámbitos de nuestras vidas.
Por cierto, este premio se le otorga a la Universidad, justo cuando en los legisladores discuten sobre reducir el presupuesto a la educación y a la investigación, creo que es uno de los errores más grandes que nuestro país a cometido, pero no es de ahora, sólo que no solemos hacer ejercicio de la memoria histórica (hace falta que algún historiador de la UNAM o de cualquier otra universidad nos refresque el recuerdo), sexenio tras sexenio, trienio tras trienio (nuestros diputados cambian cada tres años), el problema es el mismo, todos hablan de la importancia de la educación, pero siempre es un área sacrificada “en aras del rescate económico”, cuando no hace falta ser un genio para darse cuenta que los países económicamente más fuertes, siempre le han apostado a la inversión en la educación, en la investigación para generar nuevos conocimientos y tecnologías, en la constante actualización, etc. ¿Pero qué podemos pedir los mexicanos de nuestros políticos, si elegimos casi siempre gente que muchas veces sale a relucir, tienen títulos apócrifos?
Generalmente queremos, como ya lo he dicho muchas veces, todo peladito y en la boca, en ipso facto, y ahí está el problema, la educación es una inversión a largo plazo, al igual que la investigación y la ciencia, y no hablo sólo de educación de nivel licenciatura, mucho menos de posgrados, hablo de la educación más básica, es lamentable ver que en nuestro país cada vez son más los “alfabetas” que no comprenden lo que leen, que ganamos los primeros lugares en matemáticas, si vemos la lista de abajo hacia arriba, que somos de los países que menos leen. Es cierto, parte de esto es culpa de los gobiernos, pero también de nosotros mismos, no he sabido aún de un diputado o un presidente que vaya a las librerías y le prohiba el paso a quien quiera pasar a invertir su dinero en un libro en lugar de comprarse un six de cerveza, no conozco aún ningún caso de un juez o un senador que prohiba o castigue a quien visita un museo, ¿qué tal si en lugar de generar reclamos generáramos propuestas?
Se que muchos se reirán de lo que propongo, pero ¿por qué en lugar de comprarles el Wii o el Xbox a nuestros hijos, no les compramos un par de libros? ¿Qué tal si en lugar de encenderles la televisión no incentivamos con juegos su curiosidad? ¿Qué tal si en lugar de te vean quejándote de los políticos te ven leyendo un libro? ¿Por qué no, sólo un domingo al mes, sólo uno, no cambiamos nuestro amadísimo futbol (por cierto arriba los Pumas aunque pierdan) por una visita a un museo? ¿Cómo queremos que nuestro país cambie si todo lo que signifique cultura lo tachamos de aburrido? ¿Cómo queremos que los niños quieran ir a la escuela, si somos los primeros en transmitirles que es un martirio?
Ya sé, soy un ñoño, un nerd, un aburrido, un antisocial, me vale un pepino lo que puedan opinar, creo y seguiré creyendo, que en la cultura, en general, está la respuesta a casi todos, sino es que a todos nuestros problemas, porque inclusive, en muchas ocasiones, nuestros problemas personales se verían reducidos si al menos tuviéramos las bases para poderlos solucionar.
En fin, no encuentro la forma de cerrar esta nota, así que les dejo la reflexión abierta, y que conste que en esta ocasión no hablé de la reducción del presupuesto en Salud, y ¿por qué? Porque si se invirtiera en educación y en ciencia, se darían cuenta que la salud es importante, porque si se invierte en investigación, se invierte en salud, porque se si se invierte en educación se ahorran muchos problemas de salud evitables con el conocimiento, porque si se invierte en educación nuestra población sería más sana, por eso y muchas cosas más, creo y creeré que a educación es la piedra angular de cualquier sociedad que quiera llamarse así, y sobre todo que quiera salir adelante.

Para cerrar, mejor los dejo con este artículo, extraído ad integrum del periódico La Jornada, es el discurso del Rector José Narro Robles al recibir ayer el Premio Príncipe de Asturias, al final dejo un enlace al mismo diario sobre una nota de la conversación que tuvo a través de las telecomunicaciones con el estudiantado de la UNAM al final de los premios, creo que sustenta mi pensar:
Alteza, señoras y señores reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias, apreciados universitarios, señoras y señores.
Asisto a esta ceremonia lleno de orgullo y agradecimiento, en representación de una universidad cuyos orígenes se remontan a más de cuatro siglos y medio, que ha sido enclave de cultura y de saber, de defensa de las libertades y de la justicia, además de formar parte de la conciencia nacional.
Son millones los alumnos, académicos y trabajadores que pasaron por sus instalaciones a lo largo del siglo XX y de lo que corre del actual; ellos construyeron con su esfuerzo y compromiso a la Universidad Nacional Autónoma de México, a nuestra muy querida UNAM.
En su nombre, en el de su gran comunidad, en el de los ex rectores y autoridades que me acompañan, agradezco profundamente a la Fundación Príncipe de Asturias y al jurado correspondiente por reconocer la calidad del trabajo académico y el compromiso social de nuestra institución. A su alteza, el príncipe de Asturias, y a todos ustedes, les manifiesto el gran significado que tiene para nosotros esta ocasión.
Expreso mi reconocimiento a las personalidades y organizaciones que apoyaron a la UNAM. En especial agradezco al excelentísimo embajador de España en México, quien presentó la candidatura y manifestó siempre su convicción de que la universidad merecía este premio. Gracias a todos los que creyeron que cumplía con los requisitos esenciales: poseer la máxima ejemplaridad y haber logrado una obra de trascendencia internacional.
Comparto esta distinción con los miembros de la comunidad de la UNAM aquí presentes, y de manera especial con los miles de alumnos, profesores y trabajadores universitarios que, gracias a la maravilla de las telecomunicaciones, presencian esta ceremonia en mi país. La distinción es de todos ellos y de las generaciones que hicieron la historia, incluidos aquellos extraordinarios hombres y mujeres del exilio español que nos enriquecieron hace 70 años.
De igual forma, también le corresponde a la sociedad mexicana que ha confiado en su Universidad Nacional y al conjunto de las instituciones de educación superior de España y del resto de Iberoamérica. A todos, muchas felicidades.
El premio que se otorga a la universidad es una gran motivación para reafirmar nuestro compromiso con la educación y las causas de la sociedad. Para el ser humano el conocimiento siempre ha sido importante, pero ahora es fundamental. No hay campo de la vida en el que no influya el saber; por esto preocupa tanto el desinterés de algunos en la materia, como que en muchos sitios no sea una prioridad o que se le escamoteen los recursos para su generación y transmisión.
Sin ciencia propia, sin un sistema de educación superior vigoroso y de calidad, una sociedad se condena a la maquila o a la medianía en el desarrollo.
Por ello, resulta indispensable reivindicar el derecho a la educación. Por ello, es necesario insistir y volverlo a hacer muchas veces. La educación es vía de superación humana, de la individual y de la colectiva. Concebirla como un derecho fundamental es uno de los mayores avances éticos de la historia.
Como bien público y social, la educación superior debe ser accesible a todos bajo criterios de calidad y equidad; por eso duele que en el mundo de hoy, con sus grandes desarrollos, vivan cerca de 800 millones de personas que no saben siquiera leer y escribir.
A algunos les puede parecer que hablar de valores o de humanismo es asunto del pasado, del Renacimiento o del siglo XIX. Se equivocan. También lo es de ahora y del futuro. Frente al éxito quimérico, el egoísmo, la corrupción o la indiferencia, el mejor antídoto son los valores laicos de ayer y siempre.
Por esto, la crisis que enfrenta la población mundial requiere de una revisión a fondo de los valores que transmitimos a los jóvenes. Se debe hacer, en virtud de que la desigualdad y el rezago afectan en el mundo a miles de millones de personas. La modernidad debe traducirse en mejores condiciones para los excluidos de siempre. El verdadero saber no es neutro, debe estar impregnado de compromiso social.
Aprovechemos la oportunidad que nos ofrece el fracaso del sistema financiero para proponer nuevos esquemas de desarrollo que permitan a los jóvenes recuperar la esperanza en un futuro más alentador. El gran reto consiste en alcanzar un progreso donde lo humano y lo social sean verdaderamente lo importante.
Concluyo con la reiteración del agradecimiento por la distinción que recibimos. Se trata, insisto, de un aliciente que fortalece nuestro compromiso con la calidad de la educación y con las causas y necesidades de la sociedad.
Por mi raza hablará el espíritu.
Addendum: También les recomiendo leer los demás artículos que al respecto trae el Periódico La Jornada, además de consultar otros medios, los dos seleccionados, no fueron producto del azar, mi intención, como lo mencionaba al principio, no es sólo unirme a la fiesta de mi Universidad, la cual con o sin reconocimientos es grande. Mi intención va a la reflexión, a qué estamos haciendo como mexicanos, ya sea como gobernantes o gobernados por salir adelante, mi propuesta va por la Educación, por la Investigación, por la Ciencia y la Cultura, creo que ahí es en donde deberíamos apostar, y en donde menos nos fijamos. Este premio no debe quedar como otro reconocimiento a la UNAM, sino como un aviso, una alarma de que estamos perdiendo el rumbo.
RST











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