may 20 2010

escasez de líderes en la medicina

Roberto

Un día leía en la revista Selecciones (Reader’s Digest México) una colección de frases que dictaba algo así como “todo aquello que usted no sabía del mundo de la Medicina”, lamentablemente no recuerdo el nombre del artículo (era una recopilación de frases y opiniones de diversos médicos) ni el número de la revista, pero bueno, una de las frases que decía un doctor ahí era que, todos los pacientes piensan que el que está de director de un hospital o de jefe de servicio, debe ser el mejor de su área cuando suele ser lo contrario.

Tal vez si lo viésemos como lo vería Darwin, podría ser lógica esa escala evolutiva, pero resulta que es generalmente a la inversa, pareciese que la naturaleza, la casualidad o Dios, como quiera verse (dependerá de si se es agnóstico o creyente de alguna religión), protegen a los pacientes de manos incompetentes, tristemente los puestos de gobierno en hospitales e insitituciones gubernamentales (no solo de salud, pero ese es nuestro tema) están llenos de ególatras, gentes que piensan que todo lo saben, poco se actualizan, únicamente disfrutan de su escritorio, de codearse con “personas importantes” y de que su nombre aparezca en los directorios de las instituciones. Pocas veces y es que debo aclarar que no siempre es así, encontramos directivos que realmente merecen esos puestos, gente que se ha distinguido por estar siempre actualizado, a la vanguardia investigando y generando nuevos conocimientos, pero sobre todo que se preocupan por los pacientes o usuarios si quieren llamarlos así.

No, en la Medicina no todo es asistencial, es cierto que no todos los médicos gustan de ver pacientes y que también son necesarios aquellos que ejercen actividades de investigación básica o con muy poco contacto con el paciente, creo que esa área nos resulta comprensible. También es cierto que hay la necesidad imperiosa de médicos que ocupen las áreas administrativas, en teoría nadie como un médico o alguna profesión similar para comprender y diseñar programas de salud apropiados, programación de presupuestos y compras lógicas y bien planeadas, de tal modo que se logren realizar actividades de prevención, detección, atención y rehabilitación oportunas, que los médicos “asistenciales” cuenten con las herramientas y recursos necesarios para ello, así que es cierto, hay galenos que no estarán en contacto con el paciente, pero no por ello debe de dejar de importarles, al contrario, sus acciones, en ocasiones una simple firma, no solo se verá reflejada en un paciente, sino en cientos o inclusive miles de ellos.

Desde esos puestos, poco se acuerdan que se deben a la salud, ya sea de un individuo o de una comunidad, muchos lo fijan como una meta en la vida “ser el director”, “ser el jefe de servicio”, la verdad es que no estaría mal si en realidad esa meta se cumpliera como tal, si se fuera jefe, con todo lo que la palabra implica, si se fuese director con todo lo que el adjetivo implica, con el cumplimiento de sus obligaciones y responsabilidades y no solo con el fin de gozar de sus “derechos”. Tal pareciese que se llega a una jefatura y esta se vuelve excluyente de responsabilidades, cuando yo puedo confesar que no me llaman la atención porque creo que son todo lo contrario, a más alto rango, mayor será tu responsabilidad y por ende la carga de trabajo.

A quien me conoce le costará trabajo creer que el puesto no me interesa, porque me ven moviéndome, haciendo grilla creando asociaciones e inclusive presidiendo una, pero en verdad les digo que los puestos como tal no me interesan, porque mi vocación me dicta luchar desde las trincheras (en las áreas asitenciales, docentes y de investigación clínica) ahí es donde me gusta estar. Reitero que además considero que es un lugar al que se debería de acceder aquél que tiene una preparación específica para ello y considero que ese no es mi caso. Por si esto fuera poco, en casa tengo el ejemplo en mi padre de que ser un verdadero jefe implica sacrificios y esfuerzos, porque si un médico debe estar siempre dispuesto a trabajar en pro de los pacientes, el jefe de servicio debe ser el primero de todos, por otro lado experiencias como la mía en una dirección me indican que como decía de la generación X, la gente tiende a dejarte de lado y posicionarte como el responsable de todo, esto lo digo porque cuando conoces verdaderos directivos, el trabajo parece que provocara eso ¿por qué? No lo sé pero tengo mis teorías:

  • Aquel jefe que realmente trabaja se ganará enemigos en aquellos que buscan su puesto por los supuestos derechos y no por las obligaciones, aquellos amantes del mínimo esfuerzo, la razón, un verdadero jefe los hará trabajar.
  • Aquel que es realmente bueno como dirigente brillará y eso no le gusta a los que pseudodirigen
  • Un buen jefe aprende a delegar, pero cuando la maquinaria no trabaja procura suplir la pieza y mientras tanto el hacer lo que ese elemento haría, cuando lo detectan el resto del equipo, acostumbrados a dejar todo al jefe, se van retirando, hasta que el jefe explota y entonces es el inquisidor.
  • Un buen líder no tendrá empacho en decirle no únicamente a sus subordinados, sino a sus iguales e inclusive a sus superiores su opinión y por ende sin empacho dirá lo que no le parece, eso obviamente no le gusta a la generalidad de los que ocupan puestos de gobierno en instituciones públicas o privadas, así que un buen líder a veces no tiene buenos “contactos”, indispensables en el mundo de la “política de las influencias”

En conclusión, hay un bajo índice de jefes que valgan realmente la pena, porque aquellos que bien pudiesen hacerlo, son lo suficientemente inteligentes para aprender de la experiencia de los demás. Hay quienes aún viéndolo caen una vez y aún más raros son los que caen dos veces. En cambio, aquellos que buscan la ley del mínimo esfuerzo, gozan de la “popularidad” y el “prestigio” que un título “nobiliario” les da ocupan dichos puestos con facilidad y viven indiferentes a los problemas o responsabilidades que los rodean. Esto hace que la selectividad evolutiva lleve a que por lo general los puestos directivos de hospitales e instituciones de salud estén ocupados por gente que en realidad no son los mejores para ello.

Y sí, la culpa la tenemos todos, aquellos que queremos trabajar aunque nuestra vocación no nos lleve a puestos administrativos por no exigir buenos líderes y a su vez apoyarlos. Estos últimos por no luchar y saber formar equipo con aquellos que desde la trinchera los harán fuertes. Los pacientes por no exigir que las instituciones que los atienden estén en manos capacitadas y que a veces caen en el juego del snob de la dirección. Obviamente que me quejo y considero que tienen gran culpa aquellos que buscan la ley del mínimo esfuerzo, ya sea en las trincheras o en los puestos de control.

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ago 27 2009

oscar arias nos da una lección de vida

Roberto

Oscar Chávez, Presidente de Costa Rica

El siguiente discurso de Oscar Arias,  presidente de Costa Rica, lo dictó durante La Cumbre de las Américas del 2009, en Trindad y Tobago, cierto es que fue hace ya algunos meses, pero tristemente los noticieros no pasan este tipo de cosas, sólo las noticias que venden, no las que pueden cambiar al mundo y nuestra perspectiva de él.

La verdad, es que él habla de los Estados Unidos y de Latinoamérica, pero yo podría hablar de tantas cosas, tenemos la costumbre de echarle la culpa de nuestros errores a los demás, siempre al que vemos “arriba”, cuando en muchas ocasiones somos nosotros los culpables de nuestro propio destino.

Quise exponerlo así, aquí, porque en verdad es algo que vale la pena compartir con todos, no sólo con aquellos de quienes tengo el e-mail, porque creo que discursos así son los que nos hacen falta, no sólo como países o gobiernos, también como individuos, como profesinistas, como miembros de una familia o de una sociedad, tenemos que cambiar la manera en que vemos nuestro mundo, tenemos que vernos primero a nosotros mismos.

Ahora sólo espero que aprendamos la lección, gobernantes y sus pueblos, como  individuos y como colectivo, y que lo pongamos en práctica, incluyo al mismo conferencista, que no sólo sus palabras queden en papel, que se vuelvan hechos…

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas.

Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros.

No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país.

No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta.

Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal.

En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur..

Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur -en cuestión de 35 ó 40 años- es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante.

Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? …. No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal.

Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos.

Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos.

De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria.

Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países.

Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano.

Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano.

Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado.

Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo -en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día- y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados.

Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro?

El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta.

Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió.

Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo…. lamentablemente, coincido con ellos.

Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo.

Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”.

Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que ” la verdad es que enriquecerse es glorioso.

Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años.

Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años.

Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.

Oscar Arias

Presidente Costa Rica

Cumbre de las Amércias 20o9

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