los perros en mi vida
Este artículo lleva varios meses sin ser publicado y casi el mismo número de intentos por encontrar una buena forma de escribirlo, la última ya iba muy avanzada pero me pareció resultaba monótona y aburrida, no sé en realidad cuantos me lean, pero lo que es cierto es que no si son pocos o muchos (eso si es que alguien lo hace) quiero que leer este blog sea ameno.
En realidad quiero hablar del significado que los perros han tenido en mí a lo largo de mi vida, desde siempre he tenido un perro, ya cuando nací en mi casa había un Weimaraner cuyo nombre era Petete y fue como mi nana hasta que un buen día escapó de la casa gracias a que un pintor dejase la puera abierta. Fue suplido por Petete 2 quien tuvo que sufrir el hecho de ser comparado con el primero, tanto por compartir la raza como el nombre, un buen día desapareció (ahora pienso sino habrá muerto y mi padre me cambió la historia) pues al día siguiente misteriosamente entraron a robar a la casa, lo cierto es que sin dudas es de este, del Weimaraner que más recuerdos tengo.
A su partida llegó Puchi, una Airedale Terrier, que tuvo secuelas de moquillo, pero no por ello dejaba de ser alegre y enseñarme del tesón que se necesita para salir adelante, un valuarte para mí, mi compañera de la infancia y la adolescencia, aún recuerdo cuanto me dolió el día que se fue y cómo es que lo presentía, nunca me ha quedado duda gracias a todos mis perros, que tienen esa capacidad, de adelantarse a los hechos, no solo los temblores, sino acotecimientos próximos. Al tiempo de tener a Puchi llegó el berrinchudo de Robin, un Yorkshire Terrier a quien adoptó como cachorro y que se sentía capaz de combatir a todos los perros de la colonia, inclusive una Doberman que lo veía con cara de lástima jajaja, el único que si le dió un susto fue un Pastor Alemán.
Poco antes que se fuera Puchi, llegó Magic, un bóxer hermosísimo, noble como él solo, pero imponente, que buscaba desesperadamente al niño que lloraba cuando le poníamos la canción de “Corazón de Niño” de Raúl Di Blasio, soportaba que Robin lo “atacara” colgándose de sus cachetes y cuando se cansaba únicamente lo tenía que patear para que este saliera volando. Cuando Puchi partió, Magic encontró en Nova a su compañera, otra Bóxer, que aunque a lado de Magic lucía poco imponente, definitivamente era la líder de la camada, aquí no hubo macho alfa. Ella fue mi compañera de adolescencia y universidad, se acostaba a mi lado mientras leía libros de Medicina o me iba al árbol al que acudía a desahogar mis enojos de púber. Nova fue madre de 3 camadas, 28 cachorros en total y de ellos nos quedamos con una hembra de la última camada, Xanath, mi papá se había encariñado con ella, resultó ser más bajita que lo normal en los Bóxers y la única perra que conozco que no le gustaba salir a caminar a la calle, siempre me quedó la sospecha de que alguna experiencia tuvo que no me enteré.
Fue precisamente la camada de Xanath, la que un día, aprovechando que olvidamos la puerta de la cocina abierta, entraron a la casa, territorio sagrado de Robin, el cual, defendiendo con coraje su territorio (lo digo como lo imagino pues nadie fue testigo) a tal grado que terminó teniendo un infarto, yo lo encontré en la sala rodeado de los 10 cachorros que todavía querían jugar con él. La pérdida de Robin fue grande, aun cuando era remilgoso, enojón y territorialista, era un miembro importante de la familia, era aquel que podía entrar a la casa y ver junto a mi mamá la televisión, así que había que encontrar quien llenase ese hueco.
Un día mi mamá se enteró de unos cachorros de Yorky y fuimos a verlos, así conocimos a Goliat, el nombre le viene bien, pues aunque pequeño, tiene un corazón enorme, este resultó ser más juguetón (más allá de lo que acostumbra la raza), tal vez no tan fino como Robin y nunca logró levantar las orejas por completo, pero resultó ser más simpático, y conforme pasan los años no solo ha perdido casi todos los dientes, sino que hace más gracias, como tocarte el zapato para que le des un premio si no lo estás viendo. El día que fuimos a apartar a Goliat, llegamos a casa de mi madrina y nos topamos con la sorpresa, de que le regalaban a Nina, una curza de un French Poodle, con la cría de una cruza de otro French con un West Highland White Terrier, total, una perra que mueve la cola incansablemente, así se sienta triste, enojada, enferma o contenta, todo el tiempo está moviendo la cola. Los dos hicieron pareja y surgió otra cruza, a la que cariñosamente dije que era una Tower Terrier, por aquello del apellido Torre y la sangre Terrier que tenían los cachorros, ahí surgió Nala, una perrita que le regalé a Talia y a la que veo muy seguido, tiene una mezcla de los colores del padre, con la textura del pelo de la madre, nunca se le cortó la cola y la mueve aunque no tanto como su mamá, el tamaño aproximadamente como el padre y el carácter es una mezcla.
Magic un día convulsionó, lo llevamos al veterinario, quien lo reviso, lo sedó y lo tuvo en observación, decidieron darlo de alta ante la posibilidad de un tumor cerebral, acordamos que si pasaba la noche al día siguiente se le dormiría, bien lo sabía él, porque esa noche murió. Nunca había visto una cara de tristeza más grande en un animal, que la que tenía Nova el día que Magic la dejó, tiempo después supimos que tenía múltiples tumores, pero que el que terminó con su vida fue uno a nivel de la aorta. Nova no pudo estar mucho tiempo sin su fiel compañero, al año aproximadamente de que murió Magic, ella se fue también enferma de cáncer, un día antes del que se había planeado llevarla a dormir, ella también lo presentía, esa noche no se me separó mientras yo estaba sentado en la escalinata del jardín, sabía lo que pasaría, no fue su peor día, nadie lo hubiera pensado, pera esa noche, que por cierto coincidía con la primera vez que iba a ver a un paciente a su domicilio, al salir a la visita encontre a Nova ya sin vida en el jardín, no dejaría que tuvieramos la sensación de que había muerto bajo nuestra órden.
En ese período llegó Goyo, un Labrador Dorado, que tenía los ojos color miel y la trufa nunca pigmentó, un ejemplar hermoso, alto, fuerte, juguetón, el motivo de que me sentara hace más de tres meses a escribir este post que parecía nunca terminar, conoció por muy poco tiempo a Nova, fue más bien Xanath quien fungió como su mamá, al principio no toleraba a Goliat, pero acabaron haciendo amistad, aún recuerdo cuando Goliat salia a orinar al jardín y Goyo al oler la orina también lo hacía, mojando más de una vez al Yorky. Xanath al igual que sus padres fue víctima del cáncer.
En el inter uno de los pocos años de mi vida en que no tuve perros a mi lado fue cuando estuve en mi Servicio Social en Durango, aun así cada vez que visitaba a Talia en su comunidad “La Purísima” teníamos a un perro que habíamos adoptado y el nos adoptó su nombre era Sponky, si bien era una cruza de quien sabe cuanta cosa, parecía un Pastor Australiano y realmente sabía manejar bien al ganado vacuno. Aun así cuando regresaba a casa ahí estaban Nova, Xanath, Goliat y Nina esperandome para jugar conmigo.
El otro período sin perros fueron los 2 años de residencia y puedo decir que realmente me hicieron falta, cuando visitaba a mis papás pasaba horas jugando con Goyo avendándole la pelota, poniéndosela en los lugares más inverosímiles y viendo como lograba alcanzarla para traerla de regreso, ese perro jamás se cansaba. Fue tanto que extrañaba los perros, que lo primero que compré con mis sueldo una vez terminada mi especialidad fue a Cousteau, un perro que vino a alegrarme la vida, es un Pomerania particolor, lo he hecho famoso en Twitter, Facebook y Flickr, puestengo infinidad de fotos de él, no es porque sea mío, pero realmente esta muy bonito y es sumamente inteligente, no solo porque aprendió algunos trucos, sino porque sabe cuando uno esta triste, contento, etc y sabe como solucionarlo, sabe sacarme a pasear y avisa viendo el timbre que alguiene está llamando, pero sobre todo es un berrinchudo, que cuando no lo pelo va y hace lo que sabe que más me molesta, orina en la sala o deja algún recuerdito en los tapetes y cuando me dirijo a esa zona se esconde para que no lo regañe.
Dije que era Goyo quien motivó a que escribiera estas notas y es que hace unos tres meses nos dejó de una manera misteriosa, mis papás vinieron a pasar el año nuevo aquí conmigo, cuando regresaron se toparon con que Goyo tenía paralizada la mitad del cuerpo, inicialmente se sospecho de moquillo, pero jamás se dió con la causa, el pobre sufría y convulsionaba, nuevamente pensaron en dormirlo, lo que era una gran tristeza y me preocupaba principalmente por mi papá, ya que se había convertido el sustituto de sus dos hijos y su compañía todas las noches mientras salía al jardín y las tardes en que se ponía a leer o a ver los peces en su pecera, el Labrador recargaba su cabeza en sus piernas y de ahí no se movía, dormirlo debió ser la decisión más difícil para mi papá, pero nuevamente Goyo no se dejó, antes de que llegara el veterinario el ya no estaba con nosotros, había sufrido muerte cerebral. En la autopsia salió una hemorragia a la altura del puente cerebral, nunca sabremos si fue causada por alguien o por él mismo, ya que era bastatante atrabancado y se golpeaba con todo al estar jugando.
Ayer llego a las manos de mi papá una Doberman, Fedra, la cual conseguimos aquí en Aguascalientes y durmió una noche en mi departamento, es un ejemplar bellísimo y estoy seguro que para mi papá será todo, el ya había tenido una Doberman antes, a la que consideraba una de las mejores que había poseído, para mi mamá fue una decisión difícil aceptar esa raza en casa por todos los miedos que trae consigo, pero acabó regalándoselo, sabíamos lo que para él era haber perdido a Goyo.
En fin, siempre he estado acompañado por ellos y de algo estoy seguro, siempre lo estaré, son amigos sinceros, inseparables, fieles, dan alegrías y consuelos, son únicos y puedo estar convencido de que Lord Byron tenía razón cuando decían “Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”









