may 20 2010

escasez de líderes en la medicina

Roberto

Un día leía en la revista Selecciones (Reader’s Digest México) una colección de frases que dictaba algo así como “todo aquello que usted no sabía del mundo de la Medicina”, lamentablemente no recuerdo el nombre del artículo (era una recopilación de frases y opiniones de diversos médicos) ni el número de la revista, pero bueno, una de las frases que decía un doctor ahí era que, todos los pacientes piensan que el que está de director de un hospital o de jefe de servicio, debe ser el mejor de su área cuando suele ser lo contrario.

Tal vez si lo viésemos como lo vería Darwin, podría ser lógica esa escala evolutiva, pero resulta que es generalmente a la inversa, pareciese que la naturaleza, la casualidad o Dios, como quiera verse (dependerá de si se es agnóstico o creyente de alguna religión), protegen a los pacientes de manos incompetentes, tristemente los puestos de gobierno en hospitales e insitituciones gubernamentales (no solo de salud, pero ese es nuestro tema) están llenos de ególatras, gentes que piensan que todo lo saben, poco se actualizan, únicamente disfrutan de su escritorio, de codearse con “personas importantes” y de que su nombre aparezca en los directorios de las instituciones. Pocas veces y es que debo aclarar que no siempre es así, encontramos directivos que realmente merecen esos puestos, gente que se ha distinguido por estar siempre actualizado, a la vanguardia investigando y generando nuevos conocimientos, pero sobre todo que se preocupan por los pacientes o usuarios si quieren llamarlos así.

No, en la Medicina no todo es asistencial, es cierto que no todos los médicos gustan de ver pacientes y que también son necesarios aquellos que ejercen actividades de investigación básica o con muy poco contacto con el paciente, creo que esa área nos resulta comprensible. También es cierto que hay la necesidad imperiosa de médicos que ocupen las áreas administrativas, en teoría nadie como un médico o alguna profesión similar para comprender y diseñar programas de salud apropiados, programación de presupuestos y compras lógicas y bien planeadas, de tal modo que se logren realizar actividades de prevención, detección, atención y rehabilitación oportunas, que los médicos “asistenciales” cuenten con las herramientas y recursos necesarios para ello, así que es cierto, hay galenos que no estarán en contacto con el paciente, pero no por ello debe de dejar de importarles, al contrario, sus acciones, en ocasiones una simple firma, no solo se verá reflejada en un paciente, sino en cientos o inclusive miles de ellos.

Desde esos puestos, poco se acuerdan que se deben a la salud, ya sea de un individuo o de una comunidad, muchos lo fijan como una meta en la vida “ser el director”, “ser el jefe de servicio”, la verdad es que no estaría mal si en realidad esa meta se cumpliera como tal, si se fuera jefe, con todo lo que la palabra implica, si se fuese director con todo lo que el adjetivo implica, con el cumplimiento de sus obligaciones y responsabilidades y no solo con el fin de gozar de sus “derechos”. Tal pareciese que se llega a una jefatura y esta se vuelve excluyente de responsabilidades, cuando yo puedo confesar que no me llaman la atención porque creo que son todo lo contrario, a más alto rango, mayor será tu responsabilidad y por ende la carga de trabajo.

A quien me conoce le costará trabajo creer que el puesto no me interesa, porque me ven moviéndome, haciendo grilla creando asociaciones e inclusive presidiendo una, pero en verdad les digo que los puestos como tal no me interesan, porque mi vocación me dicta luchar desde las trincheras (en las áreas asitenciales, docentes y de investigación clínica) ahí es donde me gusta estar. Reitero que además considero que es un lugar al que se debería de acceder aquél que tiene una preparación específica para ello y considero que ese no es mi caso. Por si esto fuera poco, en casa tengo el ejemplo en mi padre de que ser un verdadero jefe implica sacrificios y esfuerzos, porque si un médico debe estar siempre dispuesto a trabajar en pro de los pacientes, el jefe de servicio debe ser el primero de todos, por otro lado experiencias como la mía en una dirección me indican que como decía de la generación X, la gente tiende a dejarte de lado y posicionarte como el responsable de todo, esto lo digo porque cuando conoces verdaderos directivos, el trabajo parece que provocara eso ¿por qué? No lo sé pero tengo mis teorías:

  • Aquel jefe que realmente trabaja se ganará enemigos en aquellos que buscan su puesto por los supuestos derechos y no por las obligaciones, aquellos amantes del mínimo esfuerzo, la razón, un verdadero jefe los hará trabajar.
  • Aquel que es realmente bueno como dirigente brillará y eso no le gusta a los que pseudodirigen
  • Un buen jefe aprende a delegar, pero cuando la maquinaria no trabaja procura suplir la pieza y mientras tanto el hacer lo que ese elemento haría, cuando lo detectan el resto del equipo, acostumbrados a dejar todo al jefe, se van retirando, hasta que el jefe explota y entonces es el inquisidor.
  • Un buen líder no tendrá empacho en decirle no únicamente a sus subordinados, sino a sus iguales e inclusive a sus superiores su opinión y por ende sin empacho dirá lo que no le parece, eso obviamente no le gusta a la generalidad de los que ocupan puestos de gobierno en instituciones públicas o privadas, así que un buen líder a veces no tiene buenos “contactos”, indispensables en el mundo de la “política de las influencias”

En conclusión, hay un bajo índice de jefes que valgan realmente la pena, porque aquellos que bien pudiesen hacerlo, son lo suficientemente inteligentes para aprender de la experiencia de los demás. Hay quienes aún viéndolo caen una vez y aún más raros son los que caen dos veces. En cambio, aquellos que buscan la ley del mínimo esfuerzo, gozan de la “popularidad” y el “prestigio” que un título “nobiliario” les da ocupan dichos puestos con facilidad y viven indiferentes a los problemas o responsabilidades que los rodean. Esto hace que la selectividad evolutiva lleve a que por lo general los puestos directivos de hospitales e instituciones de salud estén ocupados por gente que en realidad no son los mejores para ello.

Y sí, la culpa la tenemos todos, aquellos que queremos trabajar aunque nuestra vocación no nos lleve a puestos administrativos por no exigir buenos líderes y a su vez apoyarlos. Estos últimos por no luchar y saber formar equipo con aquellos que desde la trinchera los harán fuertes. Los pacientes por no exigir que las instituciones que los atienden estén en manos capacitadas y que a veces caen en el juego del snob de la dirección. Obviamente que me quejo y considero que tienen gran culpa aquellos que buscan la ley del mínimo esfuerzo, ya sea en las trincheras o en los puestos de control.

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oct 24 2009

entregan premio príncipe de asturias a la unam · ¿son la educación y la cultura solución a nuestros problemas?

Roberto

unamTengo el sueño de que este post lo lean varios, aunque no sean de la UNAM, que lo terminen de leer y no se aburran, y que al menos uno, sólo uno, apoye mi noción, ojalá lleguen hasta la última reflexión… hasta el addendum.

Ayer celebraba el día del médico, y no pude obtener mejor regalo que ver como mi Alma Mater recibía el Premio Príncipe de Asturias, si bien es cierto que he recibido y recibo actualmente educación de otras universidades, la UNAM siempre será quien ocupe mi corazón, como cita la porra, mi corazón azul es y mi piel dorada y siempre la voy a querer. Es difícil, sino es que imposible, que alguien que no haya estudiado o trabajado en ella pueda entender lo que significa ser PUMA, así en mayúsculas, que sienta vibrar su piel al grito de ¡GOYA!, y que comprenda que en esa Universidad no sólo se aprenden las materias que se dan en el aula, que lo que ahí recibes es mucho más que una licenciatura, una maestría o un doctorado, ser egresado de la UNAM es un orgullo porque en ella aprendes de la vida, de la diversidad de opiniones, de credos, de religiones, de ideas políticas, de clases sociales, en ella aprendes que el mundo va más allá de un cliché o una ideología determinada, en ella se olvidan las diferencias, y se incrementan los diálogos, aprendes a defender tus pensamientos pero a respetar los ajenos.

Mi Universidad, mi casa, mi Alma Mater tiene muchos defectos, muchos los encuentran fácilmente, y yo no puedo negarlos, es cierto ahí están, pero también hay muchos aciertos y grandes virtudes, por más que intenten negarlo es y seguirá siendo la Universidad de México, de donde surgen grandes profesionistas, grandes científicos de talla mundial, lo triste es ver como tienen, en muchos de los casos, que salir del país para poder continuar cosechando lo que la UNAM les dio. También es cierto que no sólo de la esta Universidad surgen hombres y mujeres de gran valía en sus áreas científicas, pero todos, tarde o temprano, acaban volteando, por una u otra razón hacia la UNAM, que es y estoy seguro será siempre el punto de referencia.

Lo triste está, en que muchas veces los reconocimientos no vienen de dentro, sino que casi siempre surgen de otros países que logran vislumbrar lo que esta Universidad significa, situación que no sólo sucede con la Máxima Casa de Estudios de nuestro país, sino con muchas otras instituciones y personalidades. Como mexicanos tendemos a la crítica destructiva y no pro-positiva, a las envidias y tratar de poner piedritas en el camino de quien ha decidido caminar y no quedarse esperando a que la montaña llegue a ellos, el ejemplo de la UNAM se aplica también a muchos ámbitos de nuestras vidas.

Por cierto, este premio se le otorga a la Universidad, justo cuando en los legisladores discuten sobre reducir el presupuesto a la educación y a la investigación, creo que es uno de los errores más grandes que nuestro país a cometido, pero no es de ahora, sólo que no solemos hacer ejercicio de la memoria histórica (hace falta que algún historiador de la UNAM o de cualquier otra universidad nos refresque el recuerdo), sexenio tras sexenio, trienio tras trienio (nuestros diputados cambian cada tres años), el problema es el mismo, todos hablan de la importancia de la educación, pero siempre es un área sacrificada “en aras del rescate económico”, cuando no hace falta ser un genio para darse cuenta que los países económicamente más fuertes, siempre le han apostado a la inversión en la educación, en la investigación para generar nuevos conocimientos y tecnologías, en la constante actualización, etc. ¿Pero qué podemos pedir los mexicanos de nuestros políticos, si elegimos casi siempre gente que muchas veces sale a relucir, tienen títulos apócrifos?

Generalmente queremos, como ya lo he dicho muchas veces, todo peladito y en la boca, en ipso facto, y ahí está el problema, la educación es una inversión a largo plazo, al igual que la investigación y la ciencia, y no hablo sólo de educación de nivel licenciatura, mucho menos de posgrados, hablo de la educación más básica, es lamentable ver que en nuestro país cada vez son más los “alfabetas” que no comprenden lo que leen, que ganamos los primeros lugares en matemáticas, si vemos la lista de abajo hacia arriba, que somos de los países que menos leen. Es cierto, parte de esto es culpa de los gobiernos, pero también de nosotros mismos, no he sabido aún de un diputado o un presidente que vaya a las librerías y le prohiba el paso a quien quiera pasar a invertir su dinero en un libro en lugar de comprarse un six de cerveza, no conozco aún ningún caso de un juez o un senador que prohiba o castigue a quien visita un museo, ¿qué tal si en lugar de generar reclamos generáramos propuestas?

Se que muchos se reirán de lo que propongo, pero ¿por qué en lugar de comprarles el Wii o el Xbox a nuestros hijos, no les compramos un par de libros? ¿Qué tal si en lugar de encenderles la televisión no incentivamos con juegos su curiosidad? ¿Qué tal si en lugar de te vean quejándote de los políticos te ven leyendo un libro? ¿Por qué no, sólo un domingo al mes, sólo uno, no cambiamos nuestro amadísimo futbol (por cierto arriba los Pumas aunque pierdan) por una visita a un museo? ¿Cómo queremos que nuestro país cambie si todo lo que signifique cultura lo tachamos de aburrido? ¿Cómo queremos que los niños quieran ir a la escuela, si somos los primeros en transmitirles que es un martirio?

Ya sé, soy un ñoño, un nerd, un aburrido, un antisocial, me vale un pepino lo que puedan opinar, creo y seguiré creyendo, que en la cultura, en general, está la respuesta a casi todos, sino es que a todos nuestros problemas, porque inclusive, en muchas ocasiones, nuestros problemas personales se verían reducidos si al menos tuviéramos las bases para poderlos solucionar.

En fin, no encuentro la forma de cerrar esta nota, así que les dejo la reflexión abierta, y que conste que en esta ocasión no hablé de la reducción del presupuesto en Salud, y ¿por qué? Porque si se invirtiera en educación y en ciencia, se darían cuenta que la salud es importante, porque si se invierte en investigación, se invierte en salud, porque se si se invierte en educación se ahorran muchos problemas de salud evitables con el conocimiento, porque si se invierte en educación nuestra población sería más sana, por eso y muchas cosas más, creo y creeré que a educación es la piedra angular de cualquier sociedad que quiera llamarse así, y sobre todo que quiera salir adelante.

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Para cerrar, mejor los dejo con este artículo, extraído ad integrum del periódico La Jornada, es el discurso del Rector José Narro Robles al recibir ayer el Premio Príncipe de Asturias, al final dejo un enlace al mismo diario sobre una nota de la conversación que tuvo a través de las telecomunicaciones con el estudiantado de la UNAM al final de los premios, creo que sustenta mi pensar:

Alteza, señoras y señores reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias, apreciados universitarios, señoras y señores.

Asisto a esta ceremonia lleno de orgullo y agradecimiento, en representación de una universidad cuyos orígenes se remontan a más de cuatro siglos y medio, que ha sido enclave de cultura y de saber, de defensa de las libertades y de la justicia, además de formar parte de la conciencia nacional.

Son millones los alumnos, académicos y trabajadores que pasaron por sus instalaciones a lo largo del siglo XX y de lo que corre del actual; ellos construyeron con su esfuerzo y compromiso a la Universidad Nacional Autónoma de México, a nuestra muy querida UNAM.

En su nombre, en el de su gran comunidad, en el de los ex rectores y autoridades que me acompañan, agradezco profundamente a la Fundación Príncipe de Asturias y al jurado correspondiente por reconocer la calidad del trabajo académico y el compromiso social de nuestra institución. A su alteza, el príncipe de Asturias, y a todos ustedes, les manifiesto el gran significado que tiene para nosotros esta ocasión.

Expreso mi reconocimiento a las personalidades y organizaciones que apoyaron a la UNAM. En especial agradezco al excelentísimo embajador de España en México, quien presentó la candidatura y manifestó siempre su convicción de que la universidad merecía este premio. Gracias a todos los que creyeron que cumplía con los requisitos esenciales: poseer la máxima ejemplaridad y haber logrado una obra de trascendencia internacional.

Comparto esta distinción con los miembros de la comunidad de la UNAM aquí presentes, y de manera especial con los miles de alumnos, profesores y trabajadores universitarios que, gracias a la maravilla de las telecomunicaciones, presencian esta ceremonia en mi país. La distinción es de todos ellos y de las generaciones que hicieron la historia, incluidos aquellos extraordinarios hombres y mujeres del exilio español que nos enriquecieron hace 70 años.

De igual forma, también le corresponde a la sociedad mexicana que ha confiado en su Universidad Nacional y al conjunto de las instituciones de educación superior de España y del resto de Iberoamérica. A todos, muchas felicidades.

El premio que se otorga a la universidad es una gran motivación para reafirmar nuestro compromiso con la educación y las causas de la sociedad. Para el ser humano el conocimiento siempre ha sido importante, pero ahora es fundamental. No hay campo de la vida en el que no influya el saber; por esto preocupa tanto el desinterés de algunos en la materia, como que en muchos sitios no sea una prioridad o que se le escamoteen los recursos para su generación y transmisión.

Sin ciencia propia, sin un sistema de educación superior vigoroso y de calidad, una sociedad se condena a la maquila o a la medianía en el desarrollo.

Por ello, resulta indispensable reivindicar el derecho a la educación. Por ello, es necesario insistir y volverlo a hacer muchas veces. La educación es vía de superación humana, de la individual y de la colectiva. Concebirla como un derecho fundamental es uno de los mayores avances éticos de la historia.

Como bien público y social, la educación superior debe ser accesible a todos bajo criterios de calidad y equidad; por eso duele que en el mundo de hoy, con sus grandes desarrollos, vivan cerca de 800 millones de personas que no saben siquiera leer y escribir.

A algunos les puede parecer que hablar de valores o de humanismo es asunto del pasado, del Renacimiento o del siglo XIX. Se equivocan. También lo es de ahora y del futuro. Frente al éxito quimérico, el egoísmo, la corrupción o la indiferencia, el mejor antídoto son los valores laicos de ayer y siempre.

Por esto, la crisis que enfrenta la población mundial requiere de una revisión a fondo de los valores que transmitimos a los jóvenes. Se debe hacer, en virtud de que la desigualdad y el rezago afectan en el mundo a miles de millones de personas. La modernidad debe traducirse en mejores condiciones para los excluidos de siempre. El verdadero saber no es neutro, debe estar impregnado de compromiso social.

Aprovechemos la oportunidad que nos ofrece el fracaso del sistema financiero para proponer nuevos esquemas de desarrollo que permitan a los jóvenes recuperar la esperanza en un futuro más alentador. El gran reto consiste en alcanzar un progreso donde lo humano y lo social sean verdaderamente lo importante.

Concluyo con la reiteración del agradecimiento por la distinción que recibimos. Se trata, insisto, de un aliciente que fortalece nuestro compromiso con la calidad de la educación y con las causas y necesidades de la sociedad.

Por mi raza hablará el espíritu.premio

Fuente: Narro Robles J. Saber y Compromiso Social. La Jornada, México: 2009, octubre 25. Opinión. p. 5 Versión electrónica: http://www.jornada.unam.mx/2009/10/24/index.php?section=opinion&article=005a1pol

Artículo recomendado: Olivares-Alonso E. El rector de la UNAM insta a  jóvenes a transformar México. La Jornada, México: 2009, octubre 25. Política. p. 5 Versión electrónica http://www.jornada.unam.mx/2009/10/24/index.php?section=politica&article=005n1pol

Addendum: También les recomiendo leer los demás artículos que al respecto trae el Periódico La Jornada, además de consultar otros medios, los dos seleccionados, no fueron producto del azar, mi intención, como lo mencionaba al principio, no es sólo unirme a la fiesta de mi Universidad, la cual con o sin reconocimientos es grande. Mi intención va a la reflexión, a qué estamos haciendo como mexicanos, ya sea como gobernantes o gobernados por salir adelante, mi propuesta va por la Educación, por la Investigación, por la Ciencia y la Cultura, creo que ahí es en donde deberíamos apostar, y en donde menos nos fijamos. Este premio no debe quedar como otro reconocimiento a la UNAM, sino como un aviso, una alarma de que estamos perdiendo el rumbo.

RST

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dic 11 2008

la ciencia también es cultura / dificultades en latinoamérica para ejercerla

Roberto

Tornillos de Arquímedes y Bombas de Agua, Códice Atlántico, Da Vinci

Encontré en internet un artículo publicado en La Jornada de Jalisco, que cito textual más adelante, en él se plantea la necesidad de cambiar conceptos, el hombre culto no solo es aquél que oye música clásica, conoce a los grandes escritores y domina una que otra fecha de la Historia, un hombre culto es aquél que también entiende del método científico y puede llevarlo a cabo, pero hoy en día la Ciencia nos aburre, esquivamos dichas conversaciones y nos reusamos a tratar de entender conceptos “demasiado elevados”.

En definitiva creo que es necesario incentivar a la población a un pensar “más científico”, no, no creo que sea posible que todos dominemos la totalidad del conocimiento, pero creo que como refiere López Beltran debemos situarnos racionalmetne ante la ciencia. Me llama la atención que en su mayoría saltamos aquellos artículos (escasos) que tengan su orígen en la ciencia (desde las Matemáticas hasta la Filosofía, pasando por la Biología) y únicamente situamos nuestra atención en aquellos encabezados que como menciona Nepote, tienen un tono amarillista, como los jóvenes desafiando a Einstein, etc.

Me declaro en cierta forma culpable, he puesto en este blog algunos artículos curiosos y si bien leí no divulge por ejemplo el del rastro de un gusano en el fondo del mar (ya citado en el artículo previo, o el del organismo unicelular más grande jamás encontrado, ¿por qué? tal vez buscando la mercadotecnia de mi blog (aunque nada económico me deja) pero estoy dispuesto a cambiarlo, buscaré ser más “científico” sin perder ese dato curioso, que al menos será el que acerque a varios a este mundo de la ciencia y la cultura, y es que en sí, para mí la cultura y la ciencia son sinónimos y no uno parte del otro, pues inclusive aunque no lo vean así todos, la música, la literatura, la fotografía, etc. son ciencia, pues llevan un método, para alcanzar un fin, bueno… al menos en algunas ocasiones, ¿qué opinan?

Ante lo anterior, me quiero referir a un especial que salío publicado en la página de la BBC, titulado “¿Cómo se hace un científico? La ruta Latinoamericana” no quiero ahondar mucho en el tema, prefiero que lo revisen ustedes, simplemente una reflexión, tristemente en los países de habla hispana (al menos en general) el apoyo al estudio científico es muy bajo, el fomento a la investigación pobre y continuar preparándonos en el campo es muy costoso y poco remunerado si se llega a hacer. De todos es conocido el fenómeno de la fuga de cerebros, un fenómeno analizado por la BBC en su estudio, dónde grandes científicos latinoamericanos tienen que irse a países donde se apoya e invierte más en la ciencia, pues sus investiganciones son poco rentables o simplemente su nivel de vida dedicandose a la ciencia en su país de orígen sería poco bajo.

Hablo, un poco, de mi caso en particular, estudié Medicina, ciertamente atraído por una parte por la clínica, el trato con el paciente, etc. (esto de por sí mal remunerado aunque la creencia popular piense lo contrario); pero también atraído por la investigación, tristemente si logro continuar mis estudios a nivel de posgrado como planeo hacerlo, será a costa de un esfuerzo enorme, y en muchas ocasiones, no sólo yo, sino la mayoría de mis compañeros, tendremos que luchar contracorriente y abrirnos nuestra propia brecha para saciar nuestro espíritu de investigación.

Las instituciones públicas y las privadas, únicamente ven en el médico, al galeno que se sienta frente a un paciente y resuelve un problema de salud, y poco o nada rentable a quién decide hacer investigación, generalmente, este campo únicamente es bien visto por las grandes empresas farmaceúticas, y por ende uno debe continuar sus protocolos preestablecidos y será difícil crear y financiar uno propio o que tal vez se contraponga con los intereses del laboratorio.

Con lo anterior, no quiero que se nos regalen los estudios, ni que se financien investigaciones sin ton ni son, al contrario, deberán existir normas estrictas que controlen dichos patrocinios, pero si que las puertas de la ciencia sean más accesibles al público interesado, ya que de por sí es poco, como para que se vena frente a mil y un trabas burocráticas que dificulten su desarrollo. No creo que si en México o en otros países de Latinoamérica existieran las facilidades y apoyo para poder llevar a cabo el trabajo científico de calidad, sus investigadores optaran por irse de sus países, lamentablemente no es así.

Pocas son las instituciones educativas, públicas o privadas, que promueven la investigación de calidad y escasos son los recursos destinados por los gobiernos al rubro científico, creo, como muchos, que la inversión en Ciencia (Educación e Investigación) es sin lugar a dudas una de las mejores opciones para nuestros gobernantes, lamentablemente, políticamente poco atractivas, sin impacto en los medios, y que sus beneficios, aunque seguros, son muy silenciosos, es por ello que se les relega tanto.

Los puestos directivos en investigaicón, en muchas ocasiones son un “huesito” regalado, y ocupado por gente que poco interés tiene en la Ciencia, currículums escasos en investigación, con proyectos tal vez realizados en forma rutinaria para cubrir el requisito.

Hoy solo me queda seguir trabajando como médico clínico, realizar mi investigación sin poco aporte, mantener la esperanza de que algún día mis ingresos se verán incrementados y entoces y solo hasta ese momento, podré financiar mis estudios de posgrado (sino me gana el crecimiento de mi familia, la crisis, etc.) y como yo, muchos.

Transcribo textual el artículo de Juan Nepote en La Jornada (Jalisco):

Cuántos escritores jaliscienses –de cualquier época– sería usted capaz de nombrar? ¿Cuántos pintores? ¿Cuántos futbolistas? Ahora bien, ¿podría decir el nombre de tres científicos nacidos en Jalisco? No sería extraño que a usted le suceda lo mismo que ejemplificaba C. P. Snow en su libro Las dos culturas, más o menos de la siguiente manera: en una fiesta alguien dice desconocer de qué se trata El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y toda la gente lo mira con desaprobación, por inculto. Más tarde, alguien menciona no tener la más mínima idea sobre lo que quiere decir la segunda ley de termodinámica. La gente ríe, todos coinciden en que quién sabe qué demonios será eso y nadie es señalado por inculto.

Cultura, en un sentido amplio

Ocurre que de manera permanente y sistemática “la ciencia” (los resultados de las investigaciones, las metodologías de trabajo que emplea, sus historias y personajes, etcétera) ha permanecido fuera de lo que tradicionalmente nombramos cultura, concepto que el filósofo español Jesús Mosterín, define como “la información transmitida por aprendizaje social” (diferenciándola de otras maneras de aprender por ejemplo, el aprendizaje por imitación, omnipresente en el mundo animal), cuyo vehículo principal ha sido el libro.

En la actualidad existe una gran oferta de buenos libros de ciencia en español. Paradójicamente, son casi desconocidos por los (pocos) lectores, quienes no los contemplan como una parte integral de su cultura. En esta FIL 2008 se ha organizado el I Coloquio Internacional de Cultura Científica, que se llevará a cabo los días sábado 6 y el domingo 7 de diciembre, en el Hotel Hilton Guadalajara y el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, respectivamente, con invitados provenientes de Italia, España, Brasil y México, tales como: Jorge Wagensberg, Marcelino Cereijido, Antonio Lazcano, Paola Rodari, Carla Almeida y Julia Tagüeña, entre otros, quienes abordarán las siguientes temáticas: Analfabetismo científico, ¿un mal de nuestro tiempo?, El gozo intelectual, Los medios de comunicación, ¿estímulos para gozar la ciencia? y Continuar la conversación: 25 años de pensar la ciencia. Se trata de un evento gratuito dirigido al público en general, con el objetivo de estimular a que los lectores que acuden a la FIL descubran que en la ciencia también hay buenas historias.

Analfabetismo científico, ¿un mal de nuestros tiempos?

El doctor Marcelino Cereijido es profesor emérito del Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional, y autor de libros básicos para entender los prejuicios y malos entendidos que prevalecen entre la ciencia y el resto de la sociedad en América Latina: Ciencia sin seso, locura doble, Por qué no tenemos ciencia o La ignorancia debida. En estas obras, Marcelino Cereijido ha delineado con precisión absoluta las causas por las que “en Latinoamérica ya tenemos investigación, ahora el siguiente paso sería desarrollar la ciencia”. A lo largo de varios años, con conocimiento de causa, información acuciosa, sentido del humor y claridad, Cereijido ha sabido señalar y nombrar las deficiencias de nuestro sistema educativo y de nuestras políticas científicas, para denunciar que el desdén hacia la ciencia es un absurdo imperdonable, que mientras en nuestros países sigamos diciendo: hay que apoyar la ciencia, en otros dicen: hay que apoyarnos en la ciencia, porque con el analfabetismo científico sucede como con las neurosis: la gente lo padece, enuncia su deseo de curarse, pero se resiste a tratarlo en serio y acaba cultivándolo.

Este analfabetismo científico debe importarnos a los ciudadanos que financiamos a las instituciones educativas y de investigación, a los estudiantes que confían en estas instituciones y forman parte de ellas, a los profesores responsables de la formación de nuevos cuadros para la investigación científica, a los empresarios e industriales que deberían invertir en el desarrollo tecno-científico, a quienes forman parte de los gobiernos, y deben tomar decisiones en un mundo que cada vez más aceleradamente está pasando del modelo de producción piramidal hacia otro basado en la producción de tecnologías y la generación de conocimiento, porque si la ciencia es una manera de interpretar la realidad, el analfabetismo científico provoca que en países como el nuestro se imponga una visión oscurantista de la realidad.

El gozo intelectual

Para Jorge Wagensberg, no hay conocimiento verdadero sin gozo; él sostiene que las tres fases fundamentales para la adquisición de nuevo conocimiento son: estímulo, conversación y comprensión, es decir, que los científicos conversan con la naturaleza para intentar comprender. Para Wagensberg, el trabajo del científico (investigar, analizar, experimentar, sintetizar, etcétera) no sólo busca comprender, sino que también es placentero. Pero este gozo intelectual no es exclusivo de quien está involucrado en actividades científicas, sino que recrear el proceso científico también resulta gozoso. Conversar con el doctor Antonio Lazcano –uno de los científicos mexicanos más relevantes a nivel mundial– es una experiencia deliciosa. Lazcano se ocupa del estudio del origen de la vida, y con auténtica lucidez logra seducir y emocionar a sus interlocutores. Fomentar la cultura científica, entonces, además de recrear ese gozo intelectual que ocurre en los laboratorios científicos, también es una forma de echar a andar esa aventura del pensamiento a la que se refería Albert Einstein: la aventura y el gozo de encontrar la inteligibilidad del mundo.

Medios informativos, ¿estímulos para gozar la ciencia?

Si recrear la experiencia científica es una manera de gozo, ¿por qué nuestra cultura científica es tan reducida? Una simple ojeada a los diarios deja la sensación de que la ciencia no es buen tema. Las contadas ocasiones en que se cuela una noticia sobre ciencia en los periódicos, tradicionalmente tiene su origen en encabezados espectaculares: “Estamos cada vez más cerca de encontrar una vacuna contra el Sida”, discusiones ideológicas: “El Papa aprueba la Teoría de la Evolución”, o meramente superficiales: “Joven investigador afirma que Albert Einstein estaba equivocado” (este caso es de particular interés: cada año aparece una docena de investigadores ávidos por demostrar que Einstein estaba equivocado). Son pocos –y, por lo tanto, valiosísimos– los espacios que en periódicos revistas, diarios, programas de televisión y estaciones radiofónicas son destinados directa y permanentemente a la ciencia. Normalmente, los medios de comunicación carecen de personal entrenado (e interesado) para presentar la ciencia de manera fiel y a la vez atractiva, por lo que se resignan a incluir lo que les mandan las grandes agencias de noticias, no siempre bien traducido, casi siempre mal explicado.

Continuar la conversación: 25 años de pensar la ciencia

En este 2008, la colección Metatemas, libros para pensar la ciencia, celebra 25 años de existencia. Se trata de uno de los más encomiables ejercicios editoriales de reflexión sobre el quehacer científico. Ya desde el diseño de sus portadas, los libros incitan la conversación: “Rama de rama de rama…”, “Superficie del agua en un lago amazónico bajo brisa rasante”, “Rastro dejado, hace 570 millones de años, por un gusano desconocido en la arena del fondo de mar”, “Ondas dulces contra ondas saladas en Praia Brava, Ubatuba, Brasil”, “Restos y rastros después de la lluvia”.

En Metatemas encontramos títulos imprescindibles de la cultura universal como: ¿Qué es la vida?, el inquietante, polémico y revolucionario libro del físico austriaco Erwin Schrödinger; Gödel, Escher, Bach, un eterno y grácil bucle, que a pesar de su título casi impronunciable y una extensión superior a las 900 páginas, es todo un éxito de ventas; Los porqués de un escriba filósofo, donde Martin Gardner presenta un panorama amplísimo de la filosofía, mediante conceptos como “el mundo”, “la verdad”, “la ciencia”, “la belleza”, “la bondad”, “los dioses” o “el todo”, repasa buena parte de las corrientes filosóficas, con un estilo asombroso, claro y ameno, contundente; o El carácter de la ley física, de Robert P. Feynman, quien con su característico sentido del humor explica las estructuras epistemológicas de las leyes de la física, especialmente sus relaciones con las matemáticas.

Dice el filósofo y poeta mexicano Carlos López Beltrán que “una cultura científica no es una en la que todos saben mucho de ciencia, sino aquella en la que todos saben situarse racionalmente ante la ciencia.” ¿Qué tan lejos estamos? Ahí están los estímulos. La invitación para conversar está hecha.

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