la orina ¿oro líquido?
Ya sabemos que cualquier gobierno requiren cobrar impuestos para recaudar fondos, también es muy comentado que en nuestro país hay impuestos estratosféricos por situaciones que ningún otro país tiene y cuyo origen fueron las olimpiadas ¡de 1968!.
También son bien conocidos algunos casos históricos, como el impuesto de Adolfo López de Santa Ana cobraba por perros, ventanas que dieran a la calle, etc. Algunos de ellos también aplicados en países europeos, donde por ejemplo en Amsterdam se cobraba por el ancho de la fachada de la casa (por lo que cuentan con el recórd de la casa más estrecha del mundo), pero hoy me encontré en la página Citas Latinas un dato muy curioso:
Resulta que posteriór al reinado de Nerón “El Emperador Artista”, quien de por sí derrochó grandes cantidades del erario público, hubo muchas guerras en el imperio Romano, con gastos secundarios, terminando con las arcas del estado. Al llegar Vespasiano al gobierno, se encontró con la necesidad de recaudar fondos, para pagar, entre otras cosas, a las tropas que, descontentas, podrían causar la caída del trono al cual lo habían ayudado a subir.
Vespasiano resultó un hábil adiministrador, reduciendo gastos superfluos, subió impuestos e introdujo algunas nuevas contribuciones para incrementar la recaudación. El más polémico y centro de este comentario fue, el tributo denomiado vectigal urinae, en donde se cobraba impuesto por la orina recolectada en letrinas y vías públicas, si bien este ya se había impuesto por Nerón, había sido abolido.
También llamativo, resulta el uso que se le daba a la orina, utilizandola para lavar la ropa, principalmente las túnicas de lana y el curtido del cuero. Los romanos desconocían el jabón, así que utilizaban el fluido urinario, sumergiendo la ropa en piletas que contenían en una mezcla de agua y orina (humana o animal), y que era movido por los pies de trabajadores ó esclavos en las
fullonicas (establecimientos especializados en la limpieza de textiles. Para hacerse de la materia prima, los fullones (o bataneros) colocaban cubetas en la vía pública para que los transeútnes dejasen su preciada y líquida contribución.
Reprehendenti filio Tito, quod etiam urinae vectigal commentus esset, pecuniam ex prima pensione admovit ad nares, sciscitans num odore offenderetur; et illo negante: Atqui, inquit, e lotio est (Suetonio, Vida de Vespasiano, 23.3)
A su hijo Tito, que lo reprendía por haber introducido un impuesto a la orina, le sostuvo una moneda de la primera recaudación bajo las narices y le preguntó si el olor le molestaba y, negando aquel, le dijo “y, sin embargo, proviene de la orina”
Si bien la acnédota es dudosa, la frase “pecunia non olet” (el dinero no apesta) se volvió proverbial. La misma es utilizada con frecuencia como justificativo de la legitimidad de las ganancias sin importar su origen. Curiosamente, el proverbio existe todavía en numerosos lenguajes, pero no en español (francés: “L’argent n’a pas d’odeur”; holandés “Geld stinkt niet”; esloveno: “Denar ne smrdi”; alemán: “Geld stinkt nicht”; checo: “Peníze nesmrdí”; rumano: “Banii nu au miros”; húngaro: “A pénznek nincs szaga”, sueco: “Pengar luktar inte”; polaco: “Pieni?dze nie ?mierdz?”; por mencionar sólo algunos). En Francia y otros países, incluso, los baños colocados en la vía pública (como el que vemos en la foto) son nombrados Vespasiennes en honor al emperador romano.
Fuente: Citas Latinas: La orina y las finanzas del Imperio Romano.




















