mar 1 2010

comiendo aromas…

Roberto

Lo primero que disfruto de la comida, son sus aromas, aún no lo tengo frente a mí y empiezo a salivar con sólo olerlo. Así que si de la vista nace el amor, en la comida, el olfato es su carta de presentación.

En muchas ocasiones me he descrito como amante de la comida, alguien que disfruta de sentarse frente a la mesa y disfrutar de los alimentos, no importando si se trata de una fonda, una taquería, un restaurant de cadena  o de un gran restaurant exclusivo (dónde rara vez me paro por falta de relleno en mi cartera), como de todo y he aprendido a no devorar, sino a disfrutar, aunque en ocasiones mi trabajo no permite saborear lentamente los alimentos. También disfruto de pasar horas frente al fuego de la estufa, mezclando ingredientes y haciendo experimentos en ese labortorio llamado cocina, sigo las instrucciones de otros aficionados o de verdaderos chefs, pero nunca al pie de la letra, ya sea por error o por una decisión arbitraria, pero lamentablemente no lo hago mucho, sobre todo, porque aún cocino para mí sólo, esto hace que a veces busquemos cosas menos elaboradas, aunque no por ello, dejo de buscar el sabor.

Sí, del mismo modo me he definido como apasionado del vino, trato de aprender de ellos, desde su origen, historia, tendencias, los procesos químicos (la parte científica de la enología), hasta la degustación, también, por el mismo motivo de que suelo estar solo, no me gusta abrir una botella, aunque existen las bombas de vacio, etc, sabemos que el vino una vez abierto el oxígeno empieza a surtir sus efectos y jamás volverá a ser el mismo, es por ello que evito hacerlo en la soledad, o cuando sé, tendré la oportunidad de consumirlo “rápido”, lo que sucede rara vez por mis actividades, así que espero a que me visite mi papá o ir a alguna cata, en caso de ir aun restaurante pido una botellita de un cuarto de litro o bien por copeo, pocos de los que me rodean disfrutan como yo del placer del vino.

En fin, toda esta introducción para aclarar porque casi no escribo de mis aficiones, además que son eso, y al no considerarme un experto, o al menos con un poco de experiencia considero injusto “jugar al crítico”, al sommelier, al gourmet, o yo que sé, algo similar he mencionado de los libros, las películas, la fotografía o la música (de la que de por sí puedo hablar menos por tener un pésimo oido). Triste además es que mi cartera no de para disfrutar de los viajes, de un buen vino o a veces de un buen restaurante, pero bueno, a veces puedo darme algún gusto, eso hice este fin de semana, y ya aclarado que no so crítico de la comida quiero exponer mi experiencia.

Nuevamente, a causa de mi falta de tiempo, no había podido celebrar con Talia el 14 de febrero, además de que no creo en la celebración de los días como ese, por ser, a mi forma de pensar, mero pretexto comercial, por lo que procuro darme días especiales con mi novia cada vez que puedo, y no esperar aniversarios (que sí celebramos), días de San Valentín, Navidades, etc. En fin, con motivos de la boda, Talia me alcanzó en Querétaro y de regreso a Aguascalientes decidí parar en León, ir a visitar un restaurante del cual había oido hablar desde el momento en que seguí la #catatwitter y como en las tierras hidrocálidas no conocía a nadie, me fije bien en la ciudad de Guanajuato a dónde no me tardo mucho en llegar y podría acudir en otras ocasiones, así conocí por primera vez el Aromas, a traves del USTREAM del evento, además de haber sido recomendado por Daniel Acevedo o mejor conocido en Twitter como @danielace77.

Para empezar diré, que el hecho de que el restaurante dijera “Cocina de Autor” me empanicó un poco, no por otro lado, sino por el económico, he de confesar que espera fuese más caro, algo así como aquellos restaurantes afrancesados, en que  el emplatado es impresionante, los sabores impresionantes, pero las cantidades pareciese que se tratara de una degustación y los costos pareciese que mascamos diamantes y rubiés bañados en salsa de oro. La verdad es que no pude conocer en persona a la Chef Mónica Solis, mejor conocida como @Monsolis por encontrarse en un evento a domicilio, con quien tuve una corta y escasa conversación por Twitter, tal vez desconfiando mi insistencia,  de la que sé puede ser atemorizante, sobre todo por ser un sujeto al que no conoce, y por otro lado, el pánico que ya exite a los acosadores cibernéticos, tal vez por eso, nuestro contcto fue más breve, por ello además prefería ir con Talia, para que ella se sintiera un poco más tranquila y pudiese platicarnos sobre su cocina y sobre lo que comíamos, espero sea en otra ocasión. ¡En serio que no soy tan Lucas en la vida real como por internet!

Regresemos, como les decía, me espantaba un poco el término, mismo que me hubiese gustado me definiera la chef, pero ante la falta de ello, googlee un poco y pude descubrir que según Univisión se trata de una cocina totalmente inovadora, esa cocina en dónde se hacen juegos inclusive con la química y la física, pero en Aromas no veía nada de ello, así que no conforme seguí buscando, y descubrí que en la página Enciclopedia  de Gastronomía, encontre una definición que se acopla mucho a lo que deduje al ver el menú del restaurante, en dónden en la cocina de autor “no basta con hacer filigranas de Nueva Cocina, si no que éstas han de ser de cosecha propia, originales, personales. Suelen ser creaciones con notable carácter regional, basadas en las materias primas del terruño, pero tratadas con suma delicadeza, apenas cocinadas para mantener los sabores originales del producto” Es exactamente lo que encontré ahí, es cierto, el menú no estaba lleno de nombres originales, al contrario, muchos me resultaban más que familiares, la diferencia radicaba en la presentación, en agregar un ingrediente “sorpresa” en cuidar la textura desde un punto de vista mas gourmet, pero sin alejarse de la esencia de lo que podría encontrar en un restaurante o fonda de comida mexicana, hoy revisaba para hacer este post, el USTREAM, en dónde Mónica define a su restaurante como un lugar que busca rescatar la cocina mexicana.

¿Los precios? Definitivamente no es un lugar para ir si no tienes planeado dejar más de $300.00 por persona (idóneamente más), pero en realidad, como se puede ver, no es un lugar de lujo, si bien la economía no me permitiría comer todos los días ahí, muy probablemente me encuentren otra vez por ahí al menos un par de veces al año (tomen en cuenta que además tengo que transladarme a León, lo que implica un gasto extra).

El ambiente es agradable, con un toque minimalista disfrute mucho del fondo del restaurante en dónde debajo de las escaleras que llevan a la cocina (sí, la cocina está en la parte superior del lugar) hay un arreglo de diferentes variedades de cactus, lo que me recordó cuanto he buscado algunos de ellos para adornar mi sala, así que cuando la chef me conteste, no dudaré, inclusive, en preguntarle sobre el lugar en dónde los adquirió.

Pero entremos de lleno, para empezar, sólo hablaré de lo que yo probé, aunque Talia solicitó una sopa, cuyo nombre no recuerdo bien, pero se que era algo así como Esquites en caldo, algo similar y un Filete Chemita, como verán, los títulos nos pueden resultar muy familiares, el toque está en la presentación, en los cambios sutiles en los ingredientes, etc. Ambos iniciamos pidiendo unos tacos de camarón como entrada, los cuales tenían un excelente sabor, acompañados con una emulsión de habanero, cremosa, rica realmente no picaba, me parecería que traía algo de aguacate. (Chef si me lees corrígeme). Continue con una Crema Arriera, de elote con frijol cuyo nombre no recuerdo, cuando pregunté al mesero sobre cual me recomendaba más, si unos fideos secos o esta sopa, me dijo que no fallaría si me inclinaba por cualquiera de las dos, así que digamos, lo dejé un poco a la suerte y al antojo de una sopa caliente. La presentación fue excepcional, de inicio llega un plato, con tortilla dorada en juliana, aguacate, queso, chile pasilla y chicharrón, no recuerdo que otro ingrediente se escondía, así como un flauta dorada partida por la mitad, a ello agregó el mesero la crema de frijol, la textura era exquisita, sentías en el paladar el frijol, con un sabor suave, justo como lo esperaba, podías contrarrestar ese efecto satinado con lo crocante de la tortilla, tanto en juliana como en la flauta dorada… exquisito.

Vino después el Filete a los Cuatro Chiles, el que curiosamente no pedí por la #catatwitter, pero hoy revisando el video en USTREAM veo fue lo que se dió en la dicho evento. Los olores que desprendían hacían honor al nombre del restaurante, y uno cuidadosamente podía sentir cada uno de los chiles, tal vez por ser fanático del pasilla, buscaba más su sabor, o me resultaba el más predominante, pero estaba cada uno de ellos, la carne estaba suave, y la presentación sublime, vease la foto (baja calidad por ser del iPhone).

Honestamente no soy muy postrero, bueno sí, pero mi fuerte suelen ser el resto de los tiempos, el postre no es algo en lo que me fije mucho, pero creo que en esta visita al Aromas, lo que se llevo las palmas y el top tanto mío como de Talia, fue la Gelatina de Chocolate de Metate, sin duda, al probarla, me ubiqué en el mercado de Oaxaca, junto a las tiendas de chocolate, con el olor que se desprende del cacao, o bien en la fábrica de dulces en Morelia, eso sí, con una pequeña parada en Irapuato, pues venia acompañado de fresas y una refrescante natilla de rompope.

Como Talia casi no consume vino, y no quería desperdiciar una botella entera, lo maridé con un Cabernet Suavignon de la línea ST de la casa Santo Tomás, que era de lo que tenían a disposición por copeo.

Insisto que no soy un crítico de comida, sólo un comensal más que disfruta de la magia de la comida, pero estoy seguro que no fallaré si te recomiendo ir a comer al Aromas, Plaza Palmas Local 15D, Paseo del Moral 1030, en León, Guanajuato. Para más información visita su Facebook.


jun 1 2009

el vino para un principante…

Roberto

postervinoparaprincipEn definitiva, es una fortuna haberme encontrado con el blog de Vino Para Principiantes, sobre todo haberlo hecho desde casi el principio, y seguirlo lo más fiel posible, ya que a veces no puedo, por razones de trabajo, oir el Podcast puntualmente, pero eso sí, nunca me quedo sin oirlos aunque sea algúntiempo después. No quiero escribir un ensayo sobre lo que VPP a significado en mi vida, ni quiero sonar cursi o aludador, simplemente quiero recalcar que este espacio, me ha dado la oportunidad de adentrarme más en un mundo que, desde muy pequeño, me ha llamado mucho la atención: aprender del vino y todo lo que lo rodea.

Tal vez, algo tenga que ver mi ascendencia española o la ocupación de mi abuelo paterno como vinatero (aunque no lo conocí casi), pero el vino ha estado siempre presente en mi vida. No somos una familia que consumiera mucho vino, pero mi padre siempre lo reconoció y me enseño a verlo como un ingrediente fundamental en la mesa, en una buena comida, simplemente en una convivencia entre amigos o familiares. Poco a poco fui aprendiendo que al vino hay que buscarle sabores, olores y colores, que es un mundo mágico que va más allá de esa botella que se encuentra sobre nuestras mesas, que es algo más allá del caldo que refresca nuestros paladares, el vino es una cultura, un modus vivendi, y es que si se sabe apreciar, el vino puede convertirse en toda una filosofía de vida.

Desde el trabajo del vinicultor hasta que llega a nuestro paladar, el vino pasa por una serie de procesos que pocos conocen y que son los que sin duda más me han atraído, el vino tiene ciencia (situación que por mi afinidad científica me atrae), la química, la física, la agricultura, e inclusive la medicina tienen que ver con el vino, pero también tiene historia, cultura, geografía, música, literatura. En fin el vino es un mundo por sí solo, y Vino Para Principiantes me ha dado la oportunidad de introducirme a él.  De la mano de Juan Sostres he conocido sus variantes, a buscar sabores, distinguir colores, encontrar la ciruela y tabaco donde otros sólo ven un líquido, pero también he conocido diferentes regiones del mundo, sus culturas y sus creencias, y es que VPP es la puerta perfecta que invita a seguir aprendiendo y explorando este mundo con tantos rincones interesantes por explorar.

Juan, como me he atrevido a llamarlo, aun cuando resulta mi maestro, me ha motivado a seguir experimentando en el vino, una cultura que si bien está algo olvidada en nuestro país, sin duda alguna encuentra en sus manos o más bien en su voz, a uno de los principales exponentes jóvenes de la viniticultura en nuestro país y en el habla hispana. Juan tal vez sin proponerselo, se ha vuelto un embajador del vino en el mundo de los inverbes, y en uno de su valuartes para que continuemos incrementando las filas de los amantes, como dicen en el ElGourmet.com, “del buen vivir”.

Lejos estoy de saber de vinos, pero sin duda, Vino Para Principiantes me ha dado la pauta para iniciar y continuar conociendo de la que sin duda alguna, se ha vuelto mi bebida favorita, como lo ha sido de mucha gente a lo largo de la historia. Tal vez sea el agua, seguida del té (con su indiscutible cultura) las bebidas más consumidas del mundo, pero ninguna tan emblemática como el vino. No puedo restar importancia a estas y otras bebidas, como en mi México, que están el Tequila, el Mezcal, el Pulque e inclusive la Cerveza, el Sake japonés, el Whisky (irlandes, escocés, estadounidense, etc.), la Sidra (asturiana, alemana, etc), el Cognac francés y el Brandy de Jeréz de la Frontera, y desde Perú el Pisco, (estos últimos tres con una historia y origen muy ligados al vino), entre muchos otros, pero es irrefutable que el vino no se limita a un país o continente, y toma el caracter de universal, podemos hablar de varietales, de regiones, países, etc. pero siempre, el vino es y será el EL VINO.

Ante lo anterior, no me queda más que invitarlos a escuchar a Juan Sostres en Vino Para Principantes y adentrarse en el maravilloso y nunca mejor dicho, embriagante mundo del vino…

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may 26 2009

el roble

Omar Navarro
La escasez del roble, el uso de corchos plásticos y las taparroscas, botellas de plástico (PET), mucho se habla sobre las nuevas tecnologías, los puristas y románticos se niegan al cambio, pero una realidad es que es necesario adaptarse a los requerimientos de la actualidad, aún así nunca se podrá comparar la sensación (por evitar la polémica de la palabra sabor) de abrir una botella de vidrio, con tapón de corcho, producido con todas las técnicas tradicionales y en un buen barril de roble. Ante la polémica y los avances de la tecnología los dejo con este artículo de Omar Navarro en Charlas sobre vinos
stk305058rknPolvo de Roble, Chips, Duelas y otras Alternativas a la Barrica
En el Nuevo Mundo hace tiempo que el sabor a madera de sus vinos no procede exclusivamente de las barricas tal y como las conocemos hasta ahora. En su lugar se utilizan en ocasiones pequeños trozos, bloques o duelas de roble, incluso una especie de polvo o granulado. Desde que la UE aprobara y regulara el uso de toda esta parafernalia a finales del año pasado, ya está oficialmente al alcance de nuestros elaboradores.
El aliciente más morboso del IV Encuentro Enológico organizado en marzo pasado por la Fundación para la Cultura del Vino bajo el título “Crianza en barricas y otras alternativas” fue una cata de vinos elaborados precisamente con esas alternativas.
Desde luego que no fueron los primeros vinos con “chips” que probamos. Seguro que muchas etiquetas del Nuevo Mundo y un número incierto de españolas les llevaron la delantera. Pero sí fueron, indudablemente, los primeros identificados claramente como tales.
Cualitativamente hablando, no puedo decir que fuera la cata de mi vida, pero resultó interesante descubrir que con estos materiales se pueden elaborar vinos correctos, incluso agradables y placenteros.
Personalmente, me sentí más inclinada por un chardonnay de la cosecha 2006 que llevaba seis meses de contacto con duelas de tostados diversos, de ligero a alto, a razón de tres duelas por hectolitro de vino. Quizás no era el más intenso, pero resultaba fresco, equilibrado y permitía una buena expresión de la variedad. También me gustó un syrah elaborado con parámetros similares que se servía también de una mezcla de duelas con distintas intensidades de tostado.
Aunque todos eran vinos en proceso de elaboración y cabía concederles el beneficio de una evolución positiva en la última fase de esta peculiar “crianza” y durante su posterior afinamiento en botella, la mayoría compartía un amargor común bastante pronunciado. Vinos correctos y bebibles, en definitiva, pero mejorables en su juego de armonías y en el equilibrio fruta-madera.
“Historia” de virutas y cía.
No piensen que estos “chips”, virutas, granulados y demás son fruto de los últimos avances tecnológicos. El uso de formas de madera distintas a las barricas viene de antiguo. Según expuso el enólogo e investigador Pascal Chatonnet (personaje especialmente reconocido por sus estudios sobre el TCA) en su ponencia del IV Encuentro Enológico sobre estos productos alternativos, ya en el siglo XIX se encuentra una definición del “vino de virutas”.
Sin embargo, no se desarrolló como producto industrial hasta principio de los años setenta. Fue en Estados Unidos, presentados como una especie de “aserrín” de roble americano y, a partir de ahí, su uso empezó a cobrar cierta relevancia, sobre todo en los vinos de gama baja de este país y de Australia.
En Europa se han utilizado este tipo de materiales a nivel “experimental” desde 1993 en vinos sujetos a cantidades limitadas de producción y con la prohibición de destinarlos a la exportación. Paradójicamente, sí se aceptaba la entrada de vinos de fuera de la UE elaborados según estos procedimientos. A esta extraña situación se le puso fin en octubre del año pasado cuando se reglamentó su uso, aunque aún queda pendiente su desarrollo legal en los distintos estados miembros.
España, de momento, ha trasladado la regulación a los Consejos Reguladores que, mientras deciden si les dan entrada o no en sus respectivas denominaciones (lo más probable es que quien quiera mantener una imagen de calidad vete su uso), contemplan cómo florece en nuestro país toda una industria de estos productos alternativos.
Cómo se trabaja la madera “alternativa”
La madera empleada para producir estos fragmentos de mayor o menor tamaño sigue un procedimiento similar a la que se destina a las barricas tradicionales. En primer lugar, estamos hablando única y exclusivamente de roble y así lo exige también la nueva reglamentación europea. Y, obviamente, su producción viene del material sobrante empleado en la elaboración de las barricas.

Pero a partir de ahí, podemos empezar a encontrarnos con multitud de variantes, muchas de ellas con importante implicaciones cualitativas. Para que las virutas sean de “calidad”, deberían proceder exclusivamente de la parte central del tronco (el llamado duramen) y evitar la corteza y otras áreas desechadas tradicionalmente en la elaboración de barricas.
Existe también un proceso de secado para que la madera pierda el agua acumulada (puede tener hasta un 70%). En el caso de los robles de más calidad, éste se realiza al aire libre durante incluso dos años y con un sistema de apilado muy concreto que favorece una mayor aireación. No es el caso naturalmente de estos componentes que se apilarán en fardos y en los que se acelerará el proceso de secado por medios artificiales.
Y también el tostado, esa fase clave que determinará la cantidad y complejidad de los elementos que aporta el roble al vino, se realiza de forma diferente. Olvídense de la romántica imagen de las barricas artesanas cuyas duelas se moldean en torno a una fuente de calor. Para los chips se emplean tambores rotativos, muy parecidos a los que se utilizan para tostar el café.
El resultado final, en cualquier caso, serán trozos de madera de mayor o menor tamaño que se ponen a “macerar” con el vino en bolsas de infusión que se introducen en los depósitos.
Obviamente, la calidad de la madera y del tostado no se puede equiparar a la de una barrica y el resultado, lógicamente, tampoco será el mismo. Con frecuencia se critica que con los “chips” no se obtiene la microoxigenación, ese contacto del vino con pequeñas cantidades de oxígeno que penetran a través de los poros de la barrica. Sin embargo, puestos a utilizar estas alternativas, habría que hacerlo con la misma mentalidad pragmática del Nuevo Mundo. El sucedáneo elegido está ahí con objeto de aportar aroma, sabor y algo de tanino. Para lo demás existen otros procedimientos, como el aporte controlado de oxígeno al vino, una microoxigenación artificial ampliamente practicada que redondea los taninos y hace los vinos más amables.
Otra crítica frecuente es que la estabilidad de un vino elaborado con virutas es mucho menos que la de, por ejemplo, un tinto criado 12 meses en barrica. Pero, ¿a quién demonios se le ocurriría guardar un vino de este tipo junto a sus reservas favoritos? Estamos hablando de productos de rápida rotación, pensados para consumir en los meses posteriores a su aparición en el mercado.
Abanico de calidades

El consumidor, seguramente, se planteará: ¿los vinos de “chip” pueden ser mejores que los de barrica?
Lo que está claro es que a ningún enólogo se le ocurriría destinar sus mejores partidas de uva a una elaboración de este tipo. Pero un uso inteligente de estos nuevos recursos podría dar lugar a vinos muy correctos. Pensemos por ejemplo en un tinto más bien ligero pero con una buena expresión frutal que acaba quedando enmascarada a causa de un paso por barrica (quizás no más de cuatro o seis meses), pero a todas luces excesivo para su estructura y características. Si me dan a elegir entre un vino sencillo que sólo huela y sepa a madera y otro, igualmente sencillo, en el que fruta y madera estén equilibrados, me quedo siempre con el segundo.
De cara a elaborar distintas “recetas”, los fabricantes de estos productos alternativos exhiben en sus catálogos una sorprendente variación de opciones. Si tomamos el de Pronektar, por ejemplo, empresa creada por la prestigiosa tonelería Radoux, encontramos, por orden de tamaño, desde polvo de roble de 0,3 mm., astillas, chips y segmentos de 47 x 47 mm. y 7 mm. de grosor, hasta duelas y sticks procedentes de maderas sometidas a secados al aire libre durante 24 meses.
En cada caso se realizan recomendaciones sobre el tipo de vinos más adecuados para cada alternativa, la problemática que ayuda a resolver (estabilización del color, atenuación de taninos vegetales, aporte tánico que evita realizar sobrextracciones durante la fermentación…) y sugerencias sobre el momento y las proporciones más adecuadas de uso.
Al final, el tema parece un poco más complejo que simplemente añadir “polvos” o chips al vino. Como expuso Chatonnet en su intervención, “ningún producto o tipo de productos constituye una solución ideal. A menudo es una combinación de maderas de orígenes botánicos y con intensidades de tostado diferentes, empeladas a veces en distintas etapas de la vinificación o la crianza lo que permite obtener resultados interesantes”.
En España, que es un país amante del roble y de los vinos con sabor a madera, quizás algunos consumidores se escandalicen por la posibilidad de que algunas de las marcas que beben habitualmente puedan sustituir las tradicionales barricas por opciones bastante más descafeinadas.
En Estados Unidos, donde estos derivados del roble tienen mucha más solera, se está apreciando una evolución de su uso, según datos del Barrel Report 2005 aportados por Pascal Chatonnet, que apunta en varias direcciones. Una de ellas es la disminución de la demanda de virutas, a la vez que crece la de duelas de madera francesa (el producto “estrella” en calidad entre los alternativos). Pero quizás lo más interesante es que ya no se quedan sólo en el segmento más bajo de precio (se emplean en el 95% de los vinos de menos de cinco dólares), sino que empiezan a aplicarse a etiquetas de perfil más elevado, en concreto en el 5% de los vinos que se venden entre los 10 y los 20 dólares.
Hace 15 años, cuando uno visitaba una bodega en Rioja, lo más habitual era ver muchas barricas, casi todas viejas. Ahora llama la atención el alto porcentaje de madera nueva y reluciente. Quién sabe si dentro de cinco o diez años veamos de forma habitual sofisticados sistemas para introducir duelas en los depósitos de vinificación.
En cualquier caso, usted como consumidor siempre estará informado de la forma en que se ha elaborado el vino y si se han utilizado este tipo de procedimientos alternativos, ya que su mención es obligada en la etiqueta. Entre nosotros, ¿no se muere de curiosidad por probar alguno de ellos? Aunque luego vuela a sus tintos con barrica de toda la vida.
Fuente: Amaya Cervera