no le agradezco a mi padre…
Ya he insistido que soy “antifechas conmemorativas”, tal es así que aunque mi teléfono me recordó 24 horas antes que el domingo sería el día del padre y olvidé felicitarlo, mejor estabamos mi papá y yo parados frente al televisor viendo como Italia iba perdiendo (aunque temporalmente) ante un “débil” equipo de Nueva Zelanda. La felicitación llegaría casi hasta la hora de la comida que me vino el destello de dicha fecha, curiosamente con algo de culpabilidad, pero tranquilo porque sé que él comparte ese pensamiento de que las fechas establecidas no dejan de ser en escencia comerciales, además de un pretexto perfecto para olvidar al “celebrado” el resto del año.
Pero tal vez guiado por todas las circunstancias que se han presentado en mi vida personal/profesional me he encontrado bastante filosófico últimamente. Dentro de lo que más recurre a mi mente están mis padres, a ellos les debo todo, más allá de haberme concebido, mis padres me brindaron compañía, consuelo, consejo, apapacho y regaño, formando en gran parte lo que soy (atribúyanse los defectos a mi persona). Resulta que lo que siento por ellos se puede resumir en una frase súmamente corta, los amo. Dicha oración debería ser suficiente para expresar mi agradecimiento por esos momentos de angustia que les hice pasar, por las alegrías me brindaron, por los consejos que me orientaron, por los castigos que me corrigieron, por el perdón que me dieron y por todo aquello que el tiempo no me permite escribir; debería ser suficiente la palabra amor para describirlo, pero lamentablemente ha sido muy quemada, fácilmente la encontramos ligada a situaciones mercantiles, tarjetas, muñecos e inclusive hamburguesas, hemos ido deteriorando una de las palabras más bellas que existen en nuestro vocabulario, para que ahora al decirla suene tan cotidiana, que no signifique nada.
En todo este ir y venir de pensamientos, se me ocurrió una idea un poco loca: ¿Qué no le agradecería a mis padres? En realidad no encontré nada que pudiese poner en la lista, pero sin duda alguna puede recolectar unas cuantas cosas que tal vez parezcan chuscas y de hecho realmente lo son, porque en realidad, bajo ese planteamiento, les doy las gracias que hayan sido así:
- En definitiva no puedo agradecerles que me hayan enseñado a ser responsable, en este mundo he aprendido que le va mejor a quien no trabaja. El cielo no es de los trabajadores, sino de los más vivos.
- ¿Por qué me hicieron honesto? Cuesta luego mucho trabajo salir adelante, ¿no entienden que el que no tranza no avanza?
- No debieron enseñarme a ayudar, ¡das la mano y te tienden el pie! Y para el colmo, luego nadie te lo agrace
- ¿Cómo se les ocurrió la idea de la nobleza? ¿No ven que parece que aquí ser noble es sinónimo de ser pendejo?
- ¿Hacer las cosas bien? ¿Para qué? Nadie aprecia el esfuerzo, ¡es igual o mejor calificado lo que se hace al ahí se va!
En este mundo paradójico, mis padres me educaron a ser como se debe ser, olvidaron que el las leyes que rigen la realidad son totalmente opuestas. ¿Se los reprocho? No, la verdad es que mil veces prefiero sufrir dolores de cabeza por ver injusticias, que perder el sueño (aunque luego parece que ni eso les pasa) como aquellos que hicieron las cosas mal, estoy seguro que aquien obra mal les salen hemorroides.
Por cierto, tras dos días de retraso, ¡feliz día del padre! Especialmente a todos aquellos que educan a sus hijos en el deber ser y no en el conviene ser, estoy convencido de que algún día esto ha de cambiar.








