un ‘lider’ que desalienta…

Hace ya más de un mes que no escribía en el blog, la verdad es que pensaba en hacerlo pero por alguna extraña razón, llamada apatía, no lo hacía. Y es que la apatía se ha apoderado de mí en los últimos meses, inclusive me costó trabajo escribir sobre mi visita al Aromas en febrero, lo hice en Marzo e inclusive la chef Mónica Solis ya no está en dicho restaruante, sino en el Bon Gourmet, el cual he visitado en dos ocasiones, prometo escribir sobre ello en el artículo siguiente, pues la verdad el motivo de esta ocasión no es esa.
Como comentaba, la apatía ha estado apoderándose de mí en los últimos meses y creo que parezco vil adolescente que de todo se queja, mis seguidores en Twitter pueden atestiguarlo, mis quejas giran siempre en torno a lo mismo, el trabajo, pero este fin de semana o mejor dicho, desde la semana pasada tomé una decisión, el trabajo me valdrá un soberano comino, aunque me asombro a mí mismo al escribirlo, pues sé que no podrá ser así, al menos no al 100%, pero si en ciertos aspectos, pero desglosemos el asunto…
Ya llevo mucho tiempo hablando de las enfermedades de poder, aquella primera vez que hablaba de ello, lo hacía por la jefa del servicio de Medicina Interna, entre otros ejemplos que mencionaba, pero la verdad es que es un mal común, actualmente, quien hostenta el cargo de coordinador, aunque presume de ser director en el centro donde trabajo, está enfermo de poder, lo está desde mucho tiempo antes de serlo siquiera, lo conozco desde hace 4 años, y no ha cambiado nada, la verdad me da lástima, si ese sentimiento que espero nadie tenga por mí nunca. La verdad es que es medio sociopata, piensa que el mundo gira entorno a él y que le tenemos envidia, la verdad es que no sé puedo envidiarle, ni a nivel profesional y mucho menos en personal encuentro algo que pudiese querer que tenga él, piensa que su puesto, pero la verdad es que el área administrativa de la Medicina no me llama la atención, considero que sí, deben haber médicos que la desarrollen, pero en este caso no creo que lo este haciendo el más adecuado.
Dentro de su enfermedad por el poder ha llegado inclusive a la agresión, física y verbal con sus compañeros de trabajo, a los cuales él ve como subordinados, pero aunque así lo fuera, la violencia laboral no esta justificada. Su ineptitud lleva al descontrol a los pacientes, tanto por el hecho de que se larga del trabajo sin importarle si tiene citados o no, como por el acto mismo de no tener la pericia del trato médico-paciente, por lo que muchos pacientes caen en errores, algunas veces garrafales, que los llevan a hipoglucemias, etc., tienen miedo de preguntarle, es asombroso como en una consulta me sueltan sus dudas y sin decirlo directamente te dan a entender que le temen a su médico de “cabecera”, no, la verdad no me considero el mejor de los galenos, pero hay algo por lo que si me preocupo, por la calidez con que trato a mis pacientes. A eso agreguemosle que le gusta utilizar lenguaje muy elaborado, cantinfleando, sin llegar a ningún punto y usando palabras que a veces ni embonan en la conversación y otras muchas veces ni siquiera existen en el diccionario, eso lo lleva a las conversaciones con los pacientes, que tienen un muy bajo nivel académico y complica aún más la comunicación con ellos, hasta en las notas del expediente escriber rebuscado, muy churrigueresco el tipo.
Decidí hacía mucho, que acudiría a trabajar y no me importaría si el tipo faltaba, se iba, checaba o no sus entradas, sus salidas, justificaba sus faltas o no lo hacía, cometía o no fraudes para el Instituto, la verdad es que yo me debía a mis pacientes y sólo por ellos vendría, pero no lo pude hacer, no logré hacerlo cuando me dí cuenta que no sólo era un haragán y prepotente, sino que insultaba, trataba mal a mis compañeros y a mí, pero sobre todo, que me dí cuenta que iba y hablaba de mí con las autoridades y estas, como la gran mayoría, se dejaron influenciar por su envolvente plática y su arte de lamer botas, al grado que sin ni siquiera saber quien soy, me tienen catalogado como rebelde, como alguien grosero y prepotente, justificando los malos tratos del tipo, no solo hacia mí, sino también hacia mis compañeros de trabajo.
Esto ha hecho que mi ánimo decaiga, que lo entusiasmado que estaba por el proyecto en el que trabajo decayera y poco a poco me costara más trabajo venir a trabajar, entrando en depresión, noté dicha gravedad cuando el ver pacientes me resultaba una carga y llegó el momento en que me daba cuenta que me estaba volviendo lo que no quiero ser, un médico de insitución, que se cienta dentras de la pantalla de su computadora y no voltea a verle los ojos al paciente, afortunadamente mi formación hizo que no me dejara cegar ante dicha situación y trabajo para regresar a mi caudal, pero es triste ver como en las instituciones, aunque realicen campañas de “Calidad en la Atención”, dicha calidad sea medida en números de productividad, se reduzcan los tiempos de consulta y únicamente se contabilice el número de pacientes vistos por jornada de trabajo, sin imporar si se hace bien o mal, si el paciente está satisfecho con la atención recibida, con el trato que se le brindó y encima si hubo o no medicamento para solucionar su problema. Encima las “autoridades” se molestan si les dices que como es posible que no se tengan los medicamentos básicos para el tipo de clínica en que trabajamos, en mi caso por citar ejemplos, que no haya insumos de insulina y metformina, básicos en una unidad donde se atienden diabéticos, por citar un solo ejemplo.
Así que, curiosamente no remo contra la corriente buscando no trabajar, sino por querer hacerlo, esto me ha llevado a la desesperación, inclusve he llegado a pensar en renunciar, no lo hago solo porque verdaderamente necesito el empleo, pero ahora sí que ¡cuanto trabajo me cuesta hacer lo que me gusta! Me siento decepcionado de la gente, de las autoridades y no hablo de un partído político u otro, ya me cansé que le echemos la culpa al partido gobernante, los diputados pertenecen a todas las bancadas y no conozco ejemplo alguno de uno que pueda considerar intachable, desde el momento en que se descalifican entre sí, dejan de merecer respeto. Me decepcioné de los médicos que buscan poder y no servir, ya no están nada más los que buscan enriquecerse a costas del binomio salud enfermedad, que ya me daban asco, hay inclusive aquellos que mendigan solo el hecho de ser “reconocidos” con un título, pensando que este les abrirá las puertas del “Cielo”.
Todo esto me llevo a caer en ansiedad y a su vez, esto desencadenó la serie de migrañas más intensa que he presentado desde que tengo memoria, acudiendo al neurólogo, a la toma diaria de medicamentos e inclusive se me indicó una tomografía para descartar alguna otra causa que afortunadamente no existió, lejos de tener el apoyo de mi “líder” se utilizaron mis asusencias y retardos (todos ellos justificados), como arma para atacarme y demostrar la falta de interés que tengo en el trabajo, afortunadamente mis expedientes y pacientes me respaldarían si esto continúa. Entre la decepción, la depresión y la ansiedad, busqué ayuda en Psicología y trabajo actualmente en superar esta situación irritante para mí, pero cada vez me convenzo más de que esto no me debe opacar al contrario, debo luchar porque el ambiente de trabajo de los médicos y trabajadores de la salud, sea como ellos lo promueven, sano, lo más libre de estresantes extras a su profesión que se pueda, que la convivencia (prohibida en mi centro de trabajo) reine entre los compañeros y que ello se refleje en forma directa en la calidez que le ofrezcamos al paciente que acude a nuestro consultorio.
Existen muchas otras cosas que me han decepcionado en la vida y que sin duda en esta semana iré sacando poco a poco, pero en definitiva, quería mencionar esta primero, porque es la que por primera vez en mi vida, después de muchas cosas que me han pegado y con las que he tropezado, que realmente me saca de balance, llevándome a descubrir un Roberto que no conocía, aquél que se encuentra desanimado de hacer lo que más le gusta, pero no le demos el crédito completo a este sujeto cuyo nombre prefiero no mencionar, no merece ni eso, hay otros factores de diferente calibre que han colaborado a que mi ímpetu mengüe, pero ya BASTA!
No es que no vuelva a quejarme, sería una falacia decir que lo haré, pero lo que si me he de quitar de encima es mi actitud derrotista, esa que no estoy acostumbrado a portar y tomaré nuevos aires, perdonen si en algún momento los cansé con mis comentarios, seguirán oyendo mis quejas sí, pero esta vez con una pronunciación diferente, con el tono de una arenga de guerra, con la intención de pelear y dejar los brazos arriba, ya no volveremos a bajar la guardia, ya no más.








