coca-cola y bichos
Como siempre, el mundo de las compañías refresqueras no deja de sorprendernos con sus comerciales, no puedo negar que soy fanático de sus promocionales, en particular de Coca-Cola y que en alguna ocasión he sido víctima de sus efectos, se bien lo perjudiciales que son para la salud, tanto los “normales” como los “dietéticos”, y no recomiendo su ingesta, aún cuando debo de aceptar haber sido un adicto a ellos, lucho día a día por no consumirlos, aun así sus campañas de mercadotecnia, sin ser un experto en la materia, siempre me han resultado atractivas, para muestra el promocional que utilizaron en el Super Bowl 2009…
uno más de cervezas…
vamos pastores vamos… al centro comercial

Para ser sinceros, no sé con cuanta ilusión esperé la Navidad este año, es más, ya no sé si me ilusiona que estas fechas lleguen. No se confundan, no soy un personaje surgido del genio literario de Charles Dickens, soy simpemente alguien que hoy le dió por pensar, justo el día de Noche Buena, en el siginificado de estas fechas.
Si nos remontamos a los orígenes de la celebración, veremos, como todos saben, que tiene un principio religioso, es una celebración meramente cristiana, donde se conmemora el nacimiento de Jesús, guarda relación con la celebración romana del Saturno, aunque no está claro el origen real del por qué el 25 de diciembre, y curiosamente también coincide con fiestas importantes para los germanos, mexicas, incas, entre otros. Por cálculos basados en los evangelios y otros hallazgos, debemos pensar que en realidad ocurrió aproximádamente en Septiembre.
En cada lugar del mundo, a la celebración de la navidad se le ha dado un toque especial, aunque cada vez más vemos una mezcla de los mismos, siendo tal vez otra manifestación de la ya tan mentada globalización, tristemente, ganando el toque consumista de la misma, y es ahí donde surge mi antipatía por estas fiestas, y no por una concordancia directa con el Grinch de Dr. Seuss.
Con miedo a sonar moralista, o a que mi artículo resulte un tanto rosa, la verdad es que la Navidad ha perdido su valor esencial, en menos de un dos por tres quedan olvidadas todas las promesas, los buenos deseos y la fraternidad, los únicos beneficiados de estas fechas son los comercios (que conste que no tengo nada en contra de sus subsitencia). Se nos menciona Navidad y sólo pensamos en los regalos que hay que comprar y en desear que los que recibamos sean tan buenos como los que damos.
Los niños cada vez menos disfrutan de la colocación de Nacimientos (Belenes en España). Las posadas, más que un evento religioso o al menos un momento de sana convivencia, se han vuelto el momento idóneo para aumentar, con un buen pretexto, el nivel de OH en nuestra sangre, ¡no hay ponche sin piquete!
Las compañías televisoras aprovechan sus mensajes navideños, como una estrategia para vender sus productos, las casas de juguetes hacen ver a los niños que sin el juguete más caro no hay una navidad real, poniendo en jaque a sus papás a la hora de colaboraro con el Niño Dios y/o Papá Noel… ¡rayos! no olvidemos que ¡ya están incluidos y de paquete los Reyes Magos!
En nuestro país, aún se respeta algo el sentido familiar de las fechas, pero tristemente, como el día de la madre, parece ocupar poco a poco el único día familiar y solo queda en mi colección de frases trilladas: “que todos los días del año sean Navidad.” Gracias a Dios, mi familia se mantiene unida, y esta fecha únicamente es pretexto para una cena especial y no para nuestra reunión.
En fin, los dejo, tengo que ir a buscar lo últimos regalos, esperando que en esta ocasión por fin me regalen el televisor de plasma de 32″ (mínimo). Bueno, ya hablando en serio, los dejo deseándoles, sinceramente, una muy Feliz Navidad.
Roberto Scrooge Sánchez







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