los perros ladran sancho, señal que andamos…
Hay frases, que uno utiliza con singular alegría, tal es el caso de “los perros ladran Sancho, señal que andamos”, y es que últimamente he sido testigo de que no importa que la frase no sea autoría de Cervantes, que tenga mil y un formas de escribirse, lo importante es que se aplica, no sólo a mi vida profesional o personal, sino a muchas situaciones en las que he podido ver, que en general, cuando alguien avanza, sea como sea, siempre habrá perros y sí lo pongo en negrillas, perros que ladrarán sin ni siquiera saber a qué, como el can que se alborotado desconoce a su dueño en la obscuridad…
¿Vale la pena poner ejemplos? No, para qué gastar saliva o energía al escribir, cualquiera de ustedes tendrá más de un caso, yo sólo puedo confesar que a veces, los ladridos de los perros me asustan, por más señal que sea de que camino, aún así, tomo valor, y con una descarga de adrenalina, me animo a continuar mi paso, convencido de que tanto alboroto, por más daño que quiera hacerme, me hace más grande… me preocuparé el día que se deje de hablar de mí.
No, en definitiva no es falta de modestia, sé que puedo cometer errores, no, no puedo, los cometo, pero nunca será lo mismo una crítica constructiva que un aullar desesperado de los chacales, no le temo a la voz del amigo, del padre, de la madre o del desconocido, que se acerca a mi y me señala que voy por el camino equivocado, es cierto, muchas veces también duele, saber que hay que retroceder para tomar la desviación que dejamos atrás, y en ocasiones me orgullo me impide verlo a tiempo, oir ese llamado en forma instantánea, pero lo hago, tomo aire y retomo lo andado, y regreso a la brecha correcta… no, no es lo mismo, y hoy sólo escucho ladridos de envidia y coraje, y esos sólo me motivan a continuar haciendo camino, como diría Machado, al andar.
Lo malo aquí, es que como algún día pergunté ¿qué culpa tiene el buey?, hoy me pregunto ¿qué culpa tiene el perro?…








