dic 11 2008

la ciencia también es cultura / dificultades en latinoamérica para ejercerla

Roberto

Tornillos de Arquímedes y Bombas de Agua, Códice Atlántico, Da Vinci

Encontré en internet un artículo publicado en La Jornada de Jalisco, que cito textual más adelante, en él se plantea la necesidad de cambiar conceptos, el hombre culto no solo es aquél que oye música clásica, conoce a los grandes escritores y domina una que otra fecha de la Historia, un hombre culto es aquél que también entiende del método científico y puede llevarlo a cabo, pero hoy en día la Ciencia nos aburre, esquivamos dichas conversaciones y nos reusamos a tratar de entender conceptos “demasiado elevados”.

En definitiva creo que es necesario incentivar a la población a un pensar “más científico”, no, no creo que sea posible que todos dominemos la totalidad del conocimiento, pero creo que como refiere López Beltran debemos situarnos racionalmetne ante la ciencia. Me llama la atención que en su mayoría saltamos aquellos artículos (escasos) que tengan su orígen en la ciencia (desde las Matemáticas hasta la Filosofía, pasando por la Biología) y únicamente situamos nuestra atención en aquellos encabezados que como menciona Nepote, tienen un tono amarillista, como los jóvenes desafiando a Einstein, etc.

Me declaro en cierta forma culpable, he puesto en este blog algunos artículos curiosos y si bien leí no divulge por ejemplo el del rastro de un gusano en el fondo del mar (ya citado en el artículo previo, o el del organismo unicelular más grande jamás encontrado, ¿por qué? tal vez buscando la mercadotecnia de mi blog (aunque nada económico me deja) pero estoy dispuesto a cambiarlo, buscaré ser más “científico” sin perder ese dato curioso, que al menos será el que acerque a varios a este mundo de la ciencia y la cultura, y es que en sí, para mí la cultura y la ciencia son sinónimos y no uno parte del otro, pues inclusive aunque no lo vean así todos, la música, la literatura, la fotografía, etc. son ciencia, pues llevan un método, para alcanzar un fin, bueno… al menos en algunas ocasiones, ¿qué opinan?

Ante lo anterior, me quiero referir a un especial que salío publicado en la página de la BBC, titulado “¿Cómo se hace un científico? La ruta Latinoamericana” no quiero ahondar mucho en el tema, prefiero que lo revisen ustedes, simplemente una reflexión, tristemente en los países de habla hispana (al menos en general) el apoyo al estudio científico es muy bajo, el fomento a la investigación pobre y continuar preparándonos en el campo es muy costoso y poco remunerado si se llega a hacer. De todos es conocido el fenómeno de la fuga de cerebros, un fenómeno analizado por la BBC en su estudio, dónde grandes científicos latinoamericanos tienen que irse a países donde se apoya e invierte más en la ciencia, pues sus investiganciones son poco rentables o simplemente su nivel de vida dedicandose a la ciencia en su país de orígen sería poco bajo.

Hablo, un poco, de mi caso en particular, estudié Medicina, ciertamente atraído por una parte por la clínica, el trato con el paciente, etc. (esto de por sí mal remunerado aunque la creencia popular piense lo contrario); pero también atraído por la investigación, tristemente si logro continuar mis estudios a nivel de posgrado como planeo hacerlo, será a costa de un esfuerzo enorme, y en muchas ocasiones, no sólo yo, sino la mayoría de mis compañeros, tendremos que luchar contracorriente y abrirnos nuestra propia brecha para saciar nuestro espíritu de investigación.

Las instituciones públicas y las privadas, únicamente ven en el médico, al galeno que se sienta frente a un paciente y resuelve un problema de salud, y poco o nada rentable a quién decide hacer investigación, generalmente, este campo únicamente es bien visto por las grandes empresas farmaceúticas, y por ende uno debe continuar sus protocolos preestablecidos y será difícil crear y financiar uno propio o que tal vez se contraponga con los intereses del laboratorio.

Con lo anterior, no quiero que se nos regalen los estudios, ni que se financien investigaciones sin ton ni son, al contrario, deberán existir normas estrictas que controlen dichos patrocinios, pero si que las puertas de la ciencia sean más accesibles al público interesado, ya que de por sí es poco, como para que se vena frente a mil y un trabas burocráticas que dificulten su desarrollo. No creo que si en México o en otros países de Latinoamérica existieran las facilidades y apoyo para poder llevar a cabo el trabajo científico de calidad, sus investigadores optaran por irse de sus países, lamentablemente no es así.

Pocas son las instituciones educativas, públicas o privadas, que promueven la investigación de calidad y escasos son los recursos destinados por los gobiernos al rubro científico, creo, como muchos, que la inversión en Ciencia (Educación e Investigación) es sin lugar a dudas una de las mejores opciones para nuestros gobernantes, lamentablemente, políticamente poco atractivas, sin impacto en los medios, y que sus beneficios, aunque seguros, son muy silenciosos, es por ello que se les relega tanto.

Los puestos directivos en investigaicón, en muchas ocasiones son un “huesito” regalado, y ocupado por gente que poco interés tiene en la Ciencia, currículums escasos en investigación, con proyectos tal vez realizados en forma rutinaria para cubrir el requisito.

Hoy solo me queda seguir trabajando como médico clínico, realizar mi investigación sin poco aporte, mantener la esperanza de que algún día mis ingresos se verán incrementados y entoces y solo hasta ese momento, podré financiar mis estudios de posgrado (sino me gana el crecimiento de mi familia, la crisis, etc.) y como yo, muchos.

Transcribo textual el artículo de Juan Nepote en La Jornada (Jalisco):

Cuántos escritores jaliscienses –de cualquier época– sería usted capaz de nombrar? ¿Cuántos pintores? ¿Cuántos futbolistas? Ahora bien, ¿podría decir el nombre de tres científicos nacidos en Jalisco? No sería extraño que a usted le suceda lo mismo que ejemplificaba C. P. Snow en su libro Las dos culturas, más o menos de la siguiente manera: en una fiesta alguien dice desconocer de qué se trata El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y toda la gente lo mira con desaprobación, por inculto. Más tarde, alguien menciona no tener la más mínima idea sobre lo que quiere decir la segunda ley de termodinámica. La gente ríe, todos coinciden en que quién sabe qué demonios será eso y nadie es señalado por inculto.

Cultura, en un sentido amplio

Ocurre que de manera permanente y sistemática “la ciencia” (los resultados de las investigaciones, las metodologías de trabajo que emplea, sus historias y personajes, etcétera) ha permanecido fuera de lo que tradicionalmente nombramos cultura, concepto que el filósofo español Jesús Mosterín, define como “la información transmitida por aprendizaje social” (diferenciándola de otras maneras de aprender por ejemplo, el aprendizaje por imitación, omnipresente en el mundo animal), cuyo vehículo principal ha sido el libro.

En la actualidad existe una gran oferta de buenos libros de ciencia en español. Paradójicamente, son casi desconocidos por los (pocos) lectores, quienes no los contemplan como una parte integral de su cultura. En esta FIL 2008 se ha organizado el I Coloquio Internacional de Cultura Científica, que se llevará a cabo los días sábado 6 y el domingo 7 de diciembre, en el Hotel Hilton Guadalajara y el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, respectivamente, con invitados provenientes de Italia, España, Brasil y México, tales como: Jorge Wagensberg, Marcelino Cereijido, Antonio Lazcano, Paola Rodari, Carla Almeida y Julia Tagüeña, entre otros, quienes abordarán las siguientes temáticas: Analfabetismo científico, ¿un mal de nuestro tiempo?, El gozo intelectual, Los medios de comunicación, ¿estímulos para gozar la ciencia? y Continuar la conversación: 25 años de pensar la ciencia. Se trata de un evento gratuito dirigido al público en general, con el objetivo de estimular a que los lectores que acuden a la FIL descubran que en la ciencia también hay buenas historias.

Analfabetismo científico, ¿un mal de nuestros tiempos?

El doctor Marcelino Cereijido es profesor emérito del Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional, y autor de libros básicos para entender los prejuicios y malos entendidos que prevalecen entre la ciencia y el resto de la sociedad en América Latina: Ciencia sin seso, locura doble, Por qué no tenemos ciencia o La ignorancia debida. En estas obras, Marcelino Cereijido ha delineado con precisión absoluta las causas por las que “en Latinoamérica ya tenemos investigación, ahora el siguiente paso sería desarrollar la ciencia”. A lo largo de varios años, con conocimiento de causa, información acuciosa, sentido del humor y claridad, Cereijido ha sabido señalar y nombrar las deficiencias de nuestro sistema educativo y de nuestras políticas científicas, para denunciar que el desdén hacia la ciencia es un absurdo imperdonable, que mientras en nuestros países sigamos diciendo: hay que apoyar la ciencia, en otros dicen: hay que apoyarnos en la ciencia, porque con el analfabetismo científico sucede como con las neurosis: la gente lo padece, enuncia su deseo de curarse, pero se resiste a tratarlo en serio y acaba cultivándolo.

Este analfabetismo científico debe importarnos a los ciudadanos que financiamos a las instituciones educativas y de investigación, a los estudiantes que confían en estas instituciones y forman parte de ellas, a los profesores responsables de la formación de nuevos cuadros para la investigación científica, a los empresarios e industriales que deberían invertir en el desarrollo tecno-científico, a quienes forman parte de los gobiernos, y deben tomar decisiones en un mundo que cada vez más aceleradamente está pasando del modelo de producción piramidal hacia otro basado en la producción de tecnologías y la generación de conocimiento, porque si la ciencia es una manera de interpretar la realidad, el analfabetismo científico provoca que en países como el nuestro se imponga una visión oscurantista de la realidad.

El gozo intelectual

Para Jorge Wagensberg, no hay conocimiento verdadero sin gozo; él sostiene que las tres fases fundamentales para la adquisición de nuevo conocimiento son: estímulo, conversación y comprensión, es decir, que los científicos conversan con la naturaleza para intentar comprender. Para Wagensberg, el trabajo del científico (investigar, analizar, experimentar, sintetizar, etcétera) no sólo busca comprender, sino que también es placentero. Pero este gozo intelectual no es exclusivo de quien está involucrado en actividades científicas, sino que recrear el proceso científico también resulta gozoso. Conversar con el doctor Antonio Lazcano –uno de los científicos mexicanos más relevantes a nivel mundial– es una experiencia deliciosa. Lazcano se ocupa del estudio del origen de la vida, y con auténtica lucidez logra seducir y emocionar a sus interlocutores. Fomentar la cultura científica, entonces, además de recrear ese gozo intelectual que ocurre en los laboratorios científicos, también es una forma de echar a andar esa aventura del pensamiento a la que se refería Albert Einstein: la aventura y el gozo de encontrar la inteligibilidad del mundo.

Medios informativos, ¿estímulos para gozar la ciencia?

Si recrear la experiencia científica es una manera de gozo, ¿por qué nuestra cultura científica es tan reducida? Una simple ojeada a los diarios deja la sensación de que la ciencia no es buen tema. Las contadas ocasiones en que se cuela una noticia sobre ciencia en los periódicos, tradicionalmente tiene su origen en encabezados espectaculares: “Estamos cada vez más cerca de encontrar una vacuna contra el Sida”, discusiones ideológicas: “El Papa aprueba la Teoría de la Evolución”, o meramente superficiales: “Joven investigador afirma que Albert Einstein estaba equivocado” (este caso es de particular interés: cada año aparece una docena de investigadores ávidos por demostrar que Einstein estaba equivocado). Son pocos –y, por lo tanto, valiosísimos– los espacios que en periódicos revistas, diarios, programas de televisión y estaciones radiofónicas son destinados directa y permanentemente a la ciencia. Normalmente, los medios de comunicación carecen de personal entrenado (e interesado) para presentar la ciencia de manera fiel y a la vez atractiva, por lo que se resignan a incluir lo que les mandan las grandes agencias de noticias, no siempre bien traducido, casi siempre mal explicado.

Continuar la conversación: 25 años de pensar la ciencia

En este 2008, la colección Metatemas, libros para pensar la ciencia, celebra 25 años de existencia. Se trata de uno de los más encomiables ejercicios editoriales de reflexión sobre el quehacer científico. Ya desde el diseño de sus portadas, los libros incitan la conversación: “Rama de rama de rama…”, “Superficie del agua en un lago amazónico bajo brisa rasante”, “Rastro dejado, hace 570 millones de años, por un gusano desconocido en la arena del fondo de mar”, “Ondas dulces contra ondas saladas en Praia Brava, Ubatuba, Brasil”, “Restos y rastros después de la lluvia”.

En Metatemas encontramos títulos imprescindibles de la cultura universal como: ¿Qué es la vida?, el inquietante, polémico y revolucionario libro del físico austriaco Erwin Schrödinger; Gödel, Escher, Bach, un eterno y grácil bucle, que a pesar de su título casi impronunciable y una extensión superior a las 900 páginas, es todo un éxito de ventas; Los porqués de un escriba filósofo, donde Martin Gardner presenta un panorama amplísimo de la filosofía, mediante conceptos como “el mundo”, “la verdad”, “la ciencia”, “la belleza”, “la bondad”, “los dioses” o “el todo”, repasa buena parte de las corrientes filosóficas, con un estilo asombroso, claro y ameno, contundente; o El carácter de la ley física, de Robert P. Feynman, quien con su característico sentido del humor explica las estructuras epistemológicas de las leyes de la física, especialmente sus relaciones con las matemáticas.

Dice el filósofo y poeta mexicano Carlos López Beltrán que “una cultura científica no es una en la que todos saben mucho de ciencia, sino aquella en la que todos saben situarse racionalmente ante la ciencia.” ¿Qué tan lejos estamos? Ahí están los estímulos. La invitación para conversar está hecha.

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