ago 8 2009

de lo bueno… poco

Roberto

Azules
Cargado originalmente por BoyLucas

Dicen que de lo bueno poco, y es que poco me duraron estas vacaciones de las cuales sólo me queda el suspiro de un fin de semana. En ellas en definitiva he tenido altibajos que le han dado gran colorido al cuadro. Creo que en definitiva es uno de los periodos de “descanso” más variados que he tenido, pero que en definitiva por su intensidad he disfrutado al máximo.

Afortunadamente, tuve la oportunidad de la convivencia con mi familia durante las salidas a Cuernavaca y Acapulco, además de mi estancia en el Distrito Federal. Esto fue una parte fundamental para mi, y no me dejan mentir varias de mis publicaciones en este espacio. Creo que si en algo puedo estar agradecido es la familia en la que me toco nacer, dónde por su puesto hay grandes virtudes y por ende también grandes defectos, pero es eso lo que nos hace ser más unidos, creo que las dificultades encontradas en nuestro andar han hecho que reconozcamos aún más el valor de nuestra familia y ha hecho que a últimas fechas podamos unirnos más, curiosamente gracias, tal vez, a las distancias físicas que han empezado a surgir entre nosotros.

Estas dos semanas también han sido marcadas, como ya lo he puesto anteriormente por la cirugía en mis ojos, aún no me acostumbro, en primer lugar, a no verme sin lentes todo el tiempo, pero aún menos me acostumbro a tener que sacar los lentes de mi bolsillo para leer los mensajes del célular o la carta del restaurante. ¡Paciencia! me diría Santa Teresa.

Existieron reencuentros, con personas que hacía mucho tiempo no veía, y que al alejarnos no lo hicimos de la manera más correcta tal vez, inclusive me atrevería a decir que ese reencuentro fue muy poco convencional, y que es sin lugar a dudas algo que nos cimbro y aún nos tiene un poco aturdidos, creo que lo idoneo es, no poner distancia nuevamente, pero si un paulatino retornar, para poder entender lo que pasó hace tiempo y lo que acotenció a la brevedad. Como los terremotos, que aún con las alarmas sismicas, uno nunca sabe su magnitud hasta que llega, ahora habrá que acostumbrarnos a las resacas.

Otro reencuentro no fue con nadie en particular, si hablaramos en inglés tendría que utilizar el pronombre “it” aunque esto me suena muy impersonal, es por ello que me gusta que en castellano utilicemos algo más personal como ELLA, y es que me reencontre con mi Alma Mater, con la UNAM, la universidad que me dió una formación, no sólo profesional, sino que forjo mucho de lo que soy ahora, que grabó en mi piel su escudo, y que como reza la porra hizo mi piel dorada y mi corazón azul. Es difícil describir el orgullo que se siente al decir SOY PUMA, no sólo refiriendome al equipo de futbol, sino al ser un miembro de esa comunidad, incluidos por su puesto sus equipos deportivos. Me encontré con cambios que me agradaron, aulas modernizadas y una biblioteca digna del primer mundo, dentro de mi facultad. Así mismo jardines muy cuidados, limpieza, menos tránsito, educación vial, PumaBus con nuevas presentaciones, en fin, es cierto que algunos cambios ya llevan tiempo, pero no habia podido disfrutarlos. Si algo añoro al haber dejado la Ciudad, es la posibilidad de regresar a sus aulas como profesor, ojalá algún día al menos pueda hacerlo como ponente invitado.

Mis viajes a Querétaro buscando cumplir mi sueño de realizar una maestría, no pueden quedar en el tintero, aunque estos a penas duraron horas, guardo grandes esperanzas de que sean el inicio de la realización de una de mis metas personales y profesionales más especiales. Mientras tanto la convivencia con mis primos hizo de una de mis tardes, algo diferente.

Es así como han pasado estas dos semanas, pero en definitiva, mis palabras siempre serán pocas comparadas con la infinidad de situaciones que pude haber vivido, y sobre todo los sentimientos entrecruzados que experimenté.

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