filosofando sobre la ciencia
Aunque se habían estado publicando artículos aquí en “la borla”, en realidad hacía ya algún tiempo que no escribía directamente para este espacio, tal vez porque últimamente me han asaltado temas a tocar en medtropoli.net, es por ello que aunque este artículo también he decidido hacerlo aquí, buscando ser un poco más justo, además de que la temática es bastante general.
Leía hace un rato en La Jornada un artículo titulado “UNAM, la que más patentes ha solicitado y obtenido en 18 años“ y si bien en gran parte puedo decir que este encabezado me llenó de orgullo al ser parte de la comunidad universitaria, de todos modos la satisfacción me duró poco mientras analizaba lo escrito y es que me asaltaron otras dudas las cuales trataré de desglosar en las próximas líneas:
Como integrante de la comunidad científica, ávido de nuevos conocimientos, inquieto por aprender más, siempre me encuentro protestando por el poco apoyo que se le pone a la Ciencia en nuestro país, pero creo que hoy toca un poco de autocrítica, si el resto del gremio, muchos de ellos más empapados y más comprometidos que yo al respecto me lo permiten.
Es cierto, siempre he defendido y defenderé la postura que la educación y la ciencia son el principal arma de un país para salir adelante y por ello critico a los gobiernos, entre ellos el nuestro que aportan poco a estos sectores, haciendo así coro a los reclamos del Rector de la UNAM, el Doctor Narro y a otros muchos hombres de Ciencia, pero ¿es todo responsabilidad del gobierno?
Creo que resulta más justo aceptar que se trata de una culpa compartida, en primer lugar, porque como hombres de “Ciencia”, pocos deciden “bajarse” al nivel de los “comunes” para poder, aplicar lo que algunos llaman, estrategias de mercado. Mientras mantengamos el lenguaje científico en un nivel que los demás no logren entenderlo, será muy difícil que “vendamos” el producto y existan gentes interesadas en comprarlo. También resulta que se ve como un objeto inalcanzable, aburrido para muchos (siendo que es todo lo contrario) y un tanto snob motivo por el cual además se pierden algunos adeptos. Así pues, creo que debemos aprender un poco de mercadotecnia y a vender nuestros proyectos, nuestro mundo y nuestros intereses (que deberían ser universales y no tan particulares).
Como lo menciono, hay una motivación baja a hacer Ciencia, es cierto, existe poca motivación para ello, para investigar, para continuar buscando, aunque el slogan común sea que es por el placer de saber más, como humanos necesitamos una motivación, en muchas ocasiones económica (que bien importante es), tal vez esto de una respuesta parcial a mi pregunta sobre la baja producción de artículos en nuestro país. ¿Pero es la única?
Ya comentaba que creo que quienes estamos inmersos en el mundo de la Ciencia tenemos también culpa, en primer lugar por no saber difundirla, pocos logran lo que algunos españoles en sus blogs como es el caso de Amazings.es (y otros más) o Martin Bonfil en La Ciencia por Gusto. Ellos logran hacer que gente como yo, un neófito en la Ciencia tome gusto por cualquier tema relacionado a ella, aún cuando no sea de mi “área de interés o especialidad”. Pero ¿qué hay del resto de la comunidad?
Mientras no lleguemos a los niños y a los jóvenes, la comunidad científica se verá reducida a una especie que pareciese en extinción (afortunadamente no hay nada de cierto en eso), con un estereotipo de nerd, cuando si bien es cierto que en su mayoría es gente entregada a lo que los apasiona, muchos logran demostrar que la Ciencia es divertida y emocionante.
Ahora, también me pregunto, ¿realmente es tan importante atacar a las religiones (peculiarmente a la Católica)? ¿Es de vital importancia dedicar mucho tiempo a las pseudociencia y a la “medicina alternativa”? ¿No se está cayendo ahora, por parte de los divulgadores científicos, en un especie de remolino sin salida? Que conste, no estoy en contra de que desenmascaren mitos, que se publique la verdad, no me opongo a que crean o dejen de creer en algo y que lo manifiesten, acepto el papel “obscurantista” de las religiones. Pero creo que más vale acercar a nuevos adeptos por las maravillas propias que por las mentiras del prójimo. A la novia no se le conquista acentuando los defectos del contrincante, sino ensalzando nuestras virtudes, al menos así lo veo yo; claro, de vez en cuando hay que hacer notorio la dentadura chueca, el mal aliento o lo poco caballeroso del otro, pero si todos los argumentos los basamos en ello, poco interesante resultaremos y corremos el riesgo de que o hagamos que volteen a ver mucho al feo y le encuentren “virtudes” u opten por otro “feo”.
Ahora regresemos al artículo que me insipiró para escribir hoy, en la Jornada nos mencionan que la UNAM fue la institución universitaria que más patentes registró entre 1991 y el 2009 con 139 patentes (que representa 12.5 por ciento), y así mismo fue a quien más se le otorgaron 121 (14.8 por ciento). Esto me llevó a pensar, ¿18 años y tan solo 139 propuestas para patentar? Sé que mi recriminación es insjusta cuando yo apenas comienzo y resulta romátinco pensar en que se hagan más, pero mi crítica no va en contra de quienes lo hacen, sino en contra de quienes no lo haceMOS, acentúo que hablo en primera persona del plural.
Son muchos los médicos que hay en nuestro país, por citar un gremio que conozco muy bien, pero muy escasa en proporción la investigación ya sea básica o clínica que se realiza, ya lo citaba yo en alguna ocasión. Es cierto, eso lo sé bien, investigar cuesta, no es barato, solemos requerir patrocinadores, prepararnos también cuesta, pero podemos empezar por investigaciones sencillas y poco a poco ir escalando, pero es decepcionante ver que pocos galenos publican, aunque sea pequeñas investigaciones. Entonces ¿cómo queremos llamar la atención para que se invierta en investigación? ¿Cómo queremos llamar la atención de los jóvenes y de los niños hacia la Ciencia?
Hagamos algo, ¡pero hagámoslo ya! Un buen ejemplo es Blunder Lab (de dónde extrageron en Amazings.es la ilustración que puse al comenzar el artículo). Hay que acercar la Ciencia a los demás, no hacerla más lejana.














